Ole Gunnar Solskjaer fue el primero en la quema de entrenadores del Manchester United que tuvo lugar en el espacio de cuatro días alrededor del fin de semana, despedido por el Besiktas apenas minutos después de que no lograran clasificarse para la Conference League de esta temporada. Menos de 24 horas después, su predecesor en el United, José Mourinho, fue despedido por el Fenerbahce al aceptar que no logró alcanzar la fase de grupos de la Liga de Campeones.
Ninguna de las decisiones fue una gran sorpresa, dado que ambos entrenadores habían presidido eliminaciones desastrosas del fútbol europeo, mientras que Mourinho había causado caos y controversia durante sus 12 meses en Estambul. Pero cuando Erik ten Hag se convirtió en el tercer exentrenador de los Red Devils en perder su empleo en cuestión de días, despedido por el Bayer Leverkusen el lunes después de solo tres partidos a cargo, hubo sorpresa generalizada. Bueno, en todas partes excepto en Alemania.
La escritura había estado en la pared durante algún tiempo para Ten Hag, quien aceptó el cáliz más venenoso al suceder a Xabi Alonso, el mejor entrenador que jamás haya tenido Leverkusen, en el mismo verano en que el club también se separó de varios de los jugadores que habían ayudado al carismático entrenador vasco a hacer historia hace dos temporadas al ganar el primer título de la Bundesliga del club como parte de un doblete nacional invicto.


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