Sevilla 2-4 Barcelona Messi y diez más
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El argentino, con un hat-trick y una asistencia, se basta para derrotar a los andaluces.

El Barcelona es lo que quiera Leo Messi. Un equipo a menudo gris, pero incendiado de color por el mejor futbolista de la historia. El que en el Sánchez Pizjuán volvió a condenar a su víctima favorita para allanar, más si cabe, la senda del Barcelona hacia el título de liga. Con un hat-trick, el argentino tumbó él solo la resistencia de un buen (2-4) pero insuficiente Sevilla, demasiado humano para un hombre vuelto hace tiempo extraterrestre.

Y eso que reforzó su banda derecha Machín, cambiando por primera vez desde que dirige en Primera a defensa de cuatro, reventando de inicio la espalda de un siempre atrevido Jordi Alba en ataque. Además de cerrarle la puerta a uno de los laterales más en forma del mundo, encontró el conjunto hispalense la llave para entrar por un costado convertido en alfombra roja durante el primer asalto.

Jugó Jesús Navas la carta de Gabriel Mercado, salvavidas ante las subidas de Alba, y le salió lo más parecido a una escalera real. Ben Yedder lideró el contragolpe y el que fuera internacional español definió, libre de marca y de tiro cruzado, para desatar a Nervión (22’). Un tanto al que reaccionó bien, sin embargo, el vigente campeón de LaLiga… o eso pareció. Un voleón de Messi directo a la escuadra (26’) de Vaclik calmó los ánimos de un Sevilla que, aun víctima de su bestia negra particular, siguió aferrado a la fe de sus mejores días.

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Vislumbró el desaguisado táctico culé y pretendió hacer sangre de ello, alentado por los desatados Promes, Ben Yedder y Sarabia. Y de este último llegó el segundo, a las puertas del descanso. Otra vez por derecha… aunque con distinto nombre. Pablo Sarabia ganó la línea de fondo y sirvió el cuero atrás para el gol de Mercado (42’).

Detonante definitivo para la revolución de Ernesto Valverde al descanso. Semedo y Arturo Vidal se quedaron en la caseta, entrando Dembélé y Sergi Roberto. Y bien le alegraron estos el semblante al conjunto blaugrana, favorecido también por los contratiempos físicos que golpearon al Sevilla. Así, entre unas cosas y otras, desapareció del verde el equipo andaluz, al tiempo que perdió metros en favor de un Barça mucho más potable.

Le pudo el miedo a los hombres de Pablo Machín, amenazados por una bestia negra tornada en pesadilla.. Y es que, como si parecieran más grandes las porterías cuando el rival es el hispalense, Leo Messi demostró tener más que domado a un Sevilla al que volvió a vacunar. Con otra genialidad, esta vez con la diestra, besó nuevamente la escuadra para empatar (67’) y con un balón picado (85’) devolvió este cuento a la realidad. Aquella en la que, con un brillante pase para la vaselina definitiva de Suárez, ocurre a menudo lo que quiere Leo Messi.

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