De la muerte de Grondona a la resurrección: ¿Por qué Arsenal volvió a Primera?
@SC_ESPN
El Viaducto aniquiló aquellos pronósticos que hablaban de una caída al ostracismo tras el descenso y de la mano de Rondina fue campeón de la B.

El día que Arsenal sentenció su descenso, el 1 de abril del año pasado, todo el fútbol argentino imaginaba que, ya sin Julio Grondona con vida, se estancaría en el Ascenso eternamente. Sin embargo, casi 13 meses le costó al equipo de Sarandí el regreso a la máxima categoría luego de derrotar en una final increíble a Sarmiento en la cancha de Banfield.

La definición fue una síntesis de la historia del Viaducto: un gol de penal de Garate cuando no la pasaba bien y prácticamente una hora encerrado en su área mientras los de Junín desperdiciaban situaciones cada vez más insólitas, con la de Sebastián Penco en el primer puesto, solo a dos metros del arco vacío pero con un leve desvío que provocó que remate por encima del travesaño cuando en la tribuna ya comenzaban a festejar.

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El ascenso comenzó a gestarse horas después de perder la categoría tras 16 años ininterrumpidos que incluyeron un título en el Clausura 2012, la Supercopa Argentina de ese año, la Copa Argentina 2013 y, unos años antes, la Copa Sudamericana 2007 y la Suruga Bank 2008. Por aquellos días, la dirigencia decidió empezar la reorganización económica y extender la confianza por un ídolo como Sergio Rondina, que había sido (injustamente) el técnico del descenso.

El Huevo, conocedor nato de las distintas categorías inferiores, forjó un equipo humilde, con pocos nombres conocidos como Emiliano Papa o Maxi Gagliardo y muchos futbolistas con hambre de gloria, que luego de un arranque irregular comenzaron a trepar posiciones y llegar a la penúltima fecha con la misma cantidad de puntos que el Kiwi, que sufrió dos traspiés clave en la recta final, forzando el desempate por el ascenso directo.

Lejos de desaparecer o caer en el ostracismo como muchos presagiaban, Arsenal está más vivo que nunca y jugará la próxima Superliga. Seguramente le cueste mucho más que en los tiempos de Don Julio en el sillón de calle Viamonte, pero la historia le guardó un lugar feliz al club que nunca dejó de ser humilde.

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