Argentina necesita de sus verdades

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Con el reloj y el diván en contra, Sampaoli se aferra a sus convicciones -y a la calculadora- para llegar a Rusia en 3 o 5 partidos.

Sampaoli transita su propia incertidumbre, los traumas de los jugadores, la presión mediática y la ansiedad rusa de los 40 millones de silloneros con un antídoto consabido pero valedero: sus convicciones. Teoriza sobre las bondades y perjuicios de los esquemas, absorbe riesgos, emana seguridad y se aparenta imperturbable. 

Apenas dos amistosos, un tour de orden conceptual y mediático por Europa, un fallo que no ayudó y un partido oficial cuyo único tesoro fue el punto obtenido en un duelo que empezó como tal y terminó en un armisticio tácito por los resultados ajenos.   

En 3 partidos, 5 si hubiera repechaje, este equipo tiene la hermosa responsabilidad de que Messi no se pierda su último Mundial en plenitud. La calculadora permite mendigar optimismo: ganándole a Venezuela y Perú debería bastar.

Sampaoli supo siempre a qué barco se subía, a qué puerto debía llegar y con qué tripulación contaba. Luego del legado de Sabella, el lastre de Bauza y Martino no fue solamente futbolístico y estadístico: hay una Selección –nombres más, nombres menos- sedienta de ganar y con pánico de hacerlo.

El trauma no es México ’70 (único Mundial al que no se clasificó Argentina). El nudo de frustraciones para la base de esta camada empezó en la Copa América 2004, contra Brasil, en Perú, con Mascherano como titular.

Luis Fabiano Adriano Mascherano Copa America 2004

Messi cruzado de brazos mientras Pekerman elegía a Cruz en 2006; la cachetada de Brasil al equipo de Mascherano, Messi, Verón, Riquelme, Tevez y Aimar en 2007; el papelón contra Alemania en 2010; los penales en Santa Fe contra Uruguay en 2011; el puñal de Gotze en 2014; Chile x1, Chile x2 y el “se terminó la Selección para mí” como crespón de oro. Y no, los oros en Atenas y Pekín lamentablemente no sirvieron más que para decorar cuellos y Wikipedia. No hubo contrapeso positivo en la memoria.

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La Selección argentina necesita que sus verdades la lleven a Rusia. Insistiendo con la línea de tres, con Mascherano de stopper y con Di María de titular. A esta altura, a poco más de un mes de definir su porvenir, ya poco importa cómo. Para hornear y adornar habrá tiempo después del 10 de octubre o el 14 de noviembre.

   

 

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