Cómo aprender a festejar después de Boca

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Marcelo Endelli/Getty Images
River conquistó su décimo título de la mano del Muñeco Gallardo, pero ya nada será lo mismo después de la histórica vuelta olímpica en el Bernabéu.

Los hinchas de River llegaron al Monumental para ver un partido más, uno del montón. Y en parte, para ellos, lo era. Es que desde que está Marcelo Gallardo al frente del equipo de Núñez los fanáticos se acostumbraron a ganar, y no es una frase hecha. Realmente los hinchas de River naturalizaron los triunfos, como si fueran situaciones comunes que viven todos los hinchas cada año. Y mucho más después de haberle ganado la final de la Copa Libertadores a Boca, al clásico rival. ¿Cómo se aprende a festejar después de haber conseguido la victoria más trascendente de tu historia?

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Cualquier fanático de otro equipo hubiera llegado al Monumental horas antes de la final contra Ahtletico Paranaense, ansioso, sin poder dormir, sin poder comer, sin poder respirar de la emoción y los nervios. Pero los hinchas Millonarios no tuvieron ninguno de esos síntomas. La llegada al estadio fue como como cualquier otra, con la misma tranquilidad, optimismo y ansiedad -lógicamente-, que en los 14 encuentros anteriores que jugó el Millonario de local en el 2019. Algunos, incluso, llegaron tarde y otros se dieron el lujo de pasar a comprarse una hamburguesa antes de ocupar su lugar. Así, como si nada, como si no hubiera serie que dar vuelta, como si no hubiera Recopa Sudamericana en juego. Como si nada importara después de aquel gol del Pity Martínez en el Bernabéu.

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Durante el encuentro, los nervios lógicos del hincha cuando su equipo no puede destrabar un partido. Y la bronca por la pelota que pega en el palo, y el sufrimiento cuando el rival ataca, y el clima espeso cuando el árbitro no cobra una clara falta o cuando la visita aprovecha cada contacto para quedarse tendido en el césped y dejar correr los minutos. Pero sin exagerar.

Minuto 11 del segundo tiempo. La gente reclama mano en el área de Lucho Gónzalez, el árbitro Roberto Tobar se apoya en el VAR y ¡penal para River! Felicidad en las tribunas, pero con mesura. Matías Biscay sale del banco de suplentes y empieza a agitar sus brazos pidiéndole a los hinchas que griten más fuerte, como recordándoles que el Millonario juega su tercera final en poco más de un año. 

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Con el correr de los minutos el clima se fue volviendo ensordecedor. El gol de Pratto desató la locura e hizo a la gente caer: River estaba a minutos de conquistar un nuevo título. Y aparecieron algunas lágrimas, gritos, abrazos y cantitos contra Boca. También la ovación de siempre a Gallardo y un apartado especial para el Oso. Y aplausos y sonrisas. Y a casa que es tarde y mañana los chicos van al colegio y hay que madrugar. Como cualquier día, como un día más en la vida de este River que se acostumbró a festejar y que, hace cinco meses, tuvo la fiesta más grande de su vida.

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