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Copa del Mundo

Mundial y política: Marruecos, la Selección que duele

10:18 ART 15/6/18
2018-05-18 Morocco
De una lista de 23, son 17 los jugadores que no nacieron en el país. Un claro reflejo de las crisis que encuentran la única solución en el exilio.

El último Mundial que disputó Marruecos se llevó a cabo en Francia, en 1998. Hace 20 años, este seleccionado africano sólo tenía a tres hijos de migrantes en el plantel: Ali El-Khattabi (nació en Holanda), Gharib Amzine (Francia) y Racchid Azzouzi (Holanda). Dos décadas después, en Rusia 2018, de 23 futbolistas, son 17 los que no nacieron en suelo marroquí. Un reflejo de una crisis que se agigantó, un resumen de un país que duele, en el que miles de sus habitantes buscan escapar de su tierra, atrapados u obnubilados por las promeses de un mejor mundo en Europa.

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Entre los dirigidos por Hervé Renard, hay dos españoles (Munir y Achraf Hakimi), un canadiense (Bono), ocho franceses (Mehdi Benatia, Romain Saïss, Manuel da Costa, Youssef Ait Bennansser, Younes Belhanda, Faycal Fajr, Amine Harit y Khalid Boutaib), cinco holandeses (Mbark Boussoufa, Karim El Ahmadi, Sofian Amrabat, Nordin Amrabat y Hakim Ziyech) y un belga (Mehdi Carcela).

Paradojas del mundo del fútbol: ellos, los futbolistas, defenderán la bandera de un país que, de alguna manera, expulsó a su familia. Ellos son los hijos que triunfaron en “la nueva vida” y que no quisieron olvidar los padecimientos de la “vieja vida”.

Mientras tanto, la valla de Melilla, que divide España y Marruecos, continúa siendo noticia repetida en los medios españoles: allí, con apenas un salto, está la entrada al suelo europeo. También, desde el continente africano, los migrantes llegan en las famosas pateras, cruzando el estrecho de Gibraltar. No son pocos los que mueren en el intento, ahogados por el mar y por una crisis humanitaria.