Los pelotazos de Izquierdoz y Magallán fueron el reflejo de un Boca que no se animó a salir campeón

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Por falta de jerarquía o presión, el equipo de Guillermo perdió la final en los detalles. No tuvo nivel para aguantar el partido.

La pelota le llegó a la espalda y Pratto se acercaba a presionar, pero sin demasiada intensidad. Iban 25 minutos del segundo tiempo. Carlos Izquierdoz estaba adelantado, lo tenía lejos a Andrada, a unos 30 metros. El balón le picaba algo por encima de la cabeza y miraba de frente a su arquero. Tenía varias opciones para resolver la jugada. Dar el pase atrás y abrirse para ser opción de pase. Buscar un pase a alguno de los laterales. Amagar y dejar pasar al delantero de River. Pero decidió otra resolución: sacarla fuera de la cancha, revolearla a la tribuna del Santiago Bernabéu. Sacarse de encima el problema.

Fue como si cargara con una mochila imposible de levantar. Como si el peso fuera demasiado. Como si no quedaba más que aguantar. Puede ser un detalle menor. Pero no. En realidad, representó la forma en la que Boca jugó la final de la Copa Libertadores contra River. El equipo de Guillermo no se animó a salir campeón. 

Y no solo por el desprecio de los centrales a construir algunas jugadas que en el primer tiempo habían tenido la actitud de generar. 

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Ahí la diferencia entre el primer tiempo y el segundo. En la primera parte, Izquierdoz y Magallán supieron levantar la cabeza, darle pases a Wilmar Barrios, jugar con Andrada, probar con romper alguna línea. 

La actitud de los centrales es un símbolo de Boca, pero en realidad no tiene solo que ver con dos jugadores. Así como los centrales pasaron a jugar de una forma, la situación se transfirió al resto del equipo. Buffarini dejó de escalar por la derecha. Los mediocampistas empezaron a perder en la intensidad: ya no robaron rebotes ni generaron nada en la segunda jugada. Pavón y Villa solo se dedicaron a defender, a formar parte de esa línea de cinco mediocampistas. Wanchope Ábila murió entre los Pinola y Maidana. 

Lo que termina haciendo Izquierdoz es una muestra de inferioridad de jerarquía. Y, para ganar la Copa Libertadores, se necesita nivel. Está bien que un central cuelgue la pelota cada tanto. Pero tanto él como Magallán se cansaron de sacarse de encima todo lo que les pasó cerca. Esa señal la captó rápido River. Y lo aprovechó. Los de Gallardo advirtieron que tenían todo a su favor.

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