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Copa del Mundo

ENCICLOPEDIA MUNDIALISTA: España 1982 y el tricampeonato azzurro de la mano de Rossi

11:27 ART 1/5/18
Paolo Rossi Italy Brazil World Cup 07051982
Italia se quedó con el torneo porque tuvo una solidez defensiva notable y contó en su ataque con la figura del certamen.

Una paloma vuela por sobre las adyacencias del Camp Nou. Una paloma blanca. Camina, corre por sobre el césped del mítico Camp Nou. Esa paloma llena de vida, de juventud, de vigorosidad, está formada por más de 2.000 niños que adelantaron lo que en definitiva sería una constante de la Copa del Mundo España 1982, el renacimiento de la paz en el Mundo, justamente en uno de los países europeos más golpeados por sus dictaduras y el genocidio.

Ganó la paz. Esa paloma por sobre los conflictos bélicos que se daban por esos días con el enfrentamiento entre Gran Bretaña y Argentinaque se disputaban las Islas Malvinas, esas Islas por las que todavía hoy pelean y por las cuales se midieron en una guerra fría, innecesaria y más que dolorosa para el país sudamericano debido a las más de 600 vidas que perdieron en la lucha.

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De esta manera, ambos seleccionados viajaron a España con sentimientos encontrados y, de hecho, el capitán argentino, Daniel Alberto Passarella, declararía tras la Copa del Mundo: No debí haber jugado el Mundial 82. En Malvinas muchos chicos murieron y yo, como capitán, debí hacer algo para que no entráramos a la cancha”.

Por otra parte, en la previa al Mundial, se dieron algunos sucesos peculiares. Por un lado, se convirtió en el primero que tuvo a seleccionados de los cinco continentes ya que además de los catorce europeos, seis americanos y dos africanos fueron incluidos.  Kuwait y Nueva Zelanda, dos novedades gracias a la gestión de Joao Havelange, quien, aparentemente, mantuvo un trato secreto con José Antonio Samaranch para poder llevar a ocho naciones más al Mundial y a cambio gestionar la candidatura del español para la presidencia del Comité Olímpico Internacional.

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Otra de las particularidades fue la elección de naranjito, la mascota de España '82, que fue votada entre más de 600 dibujos y se convirtió, por primera y única vez en la historia, en una fruta como mascota de un Mundial. Además, Adidas, la marca patrocinante de la FIFA, presentó al balón sin novedades ya que, llamativamente, la nombró 'Tango España' y la única diferencia que tuvo con la de Argentina 1978 fue la combinación de cuero y Poliuretano.

El Mundial del fútbol, la pasión y los goles

Las naciones que participaron en la cita mundialista fueron veinticuatro, divididas en seis grupos. Los primeros encuentros fueron dominados por la lógica de aquellos seleccionados grandes que pasan sin despeinarse a la siguiente ronda. Todos menos uno, Alemania.

El conjunto teutón protagonizó uno de los partidos más vergonzosos en la historia de la competición cuando se enfrentó en la última jornada a Austria, que hasta el momento lideraba el grupo con Argelia, ambos con cuatro puntos. De esta manera, la definición quedaba en manos de germanos y austriacos y el partido terminó sospechosamente ganado 1-0 por los teutones. Sospechosamente porque era el único resultado que los catapultaba a la segunda fase y, tras darse la 'lógica', ambos clasificaron a la siguiente instancia y dejaron afuera a los argelinos, que tuvieron que volverse a su casa con pena y sin gloria. A ese encuentro se lo recordaría como el Pacto del Molión, pues se jugó en el estadio del Sporting de Gijón

Tras este encuentro, Polonia, Unión Soviética, Bélgica (Grupo A), Alemania Federal, Inglaterra y la España de José Santamaría (Grupo B), Italia, Brasil, Argentina (Grupo C), Francia, Austria e Irlanda del Norte (Grupo D) pasaron a la segunda fase de la competición y a partir de aquí empezarían las emociones fuertes.

En el grupo A, las acciones estarían más que parejas entre Polonia y la Unión Soviética pero una mayor diferencia de gol a favor de los primeros los llevaba a las semifinales de la competición, una instancia desconocida por los dirigidos por Antoni Piechniczek.

El grupo B tendría a un seleccionado local que nunca había estado más cerca de una hazaña, pero el poderío de dos de los seleccionados más importantes del Mundo los dejaría fuera de la competición y entre los cuatro mejores a la Alemania Federal, que derrotó a la Roja y logró un empate ante Inglaterra.

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El tercer grupo seguramente fue el más interesante en cuanto a juego y en cuanto a protagonistas de lujo. Por un lado, la Italia de Paolo Rossi; por el otro, la Brasil de Zico y el tercero en cuestión, una Argentina que llegaba al Mundial como el último campeón y con un agregado: dos de los jugadores más importantes que dio la historia del fútbol, Mario Kempes y Diego Armando Maradona, estaban en esa plantilla.

La albiceleste se fue rápidamente del certamen tras la derrota ante la Azzurra y, en uno de los encuentros más emocionantes del torneo, también caería ante Brasil 3-1 con una estupenda actuación de Zico y con un inesperado villano, Maradona, autor de una inolvidable patada a Batista cuando finalizaban los noventa minutos.

Por consiguiente, tanto Italia como la verdeamarelha disputarían el partido definitorio, y allí, justamente allí, fue cuando el gran Paolo Rossi se vistió de héroe y con tres goles hizo que su seleccionado pasara de ronda y sea uno de los cuatro mejores equipos del certamen.

Por último, Francia no tendría problemas para pasar de ronda con victorias ante Austria (0-1) e Irlanda del Norte (4-1). Gracias a su determinación, buen juego y solidez era uno de los máximos candidatos a quedarse con el máximo trofeo de selecciones.

Las semifinales, entonces, quedaban conformadas con los cruces entre Alemania Federal y Francia y Polonia e Italia, dos grandes partidos para un gran Mundial.

El día en que Rumenigge fue más que Platini

En la primera semifinal, el Camp Nou vio como Italia, con su goleador y estrella,  Paolo Rossi, fue mucho más que Polonia y con dos goles del atacante se metió en la final. La sorpresa del torneo debería jugar el partido por el tercer y cuarto puesto.

En la otra semifinal, Alemania y Francia se enfrentaban en el Sánchez Pizjuán con dos realidades prácticamente iguales. Ambas habían pasado merecidamente (a pesar del papelón alemán en la primera fase) a las instancias definitivas, ambas mostraban un buen juego y ambas protagonizarían uno de los partidos más emocionantes de la historia no solo por el fútbol sino por la recordada patada del portero alemán Schumacher sobre Battiston,  que le dejó conmocionado en el césped sin que el árbitro viera la falta.

En los noventa minutos habían igualado en uno con goles de Litbarsky y Platini y, en la prorroga, el conjunto galo se adelantaría gracias a los tantos de Tressor y Giresse, pero fue precisamente allí cuando apareció el corazón alemán para llegar al empate, primero con Rummenigge y luego con Fischer, que puso cifras definitivas.

La danza de los penaltis fue puro nerviosismo. Era la primera vez que dos seleccionados definían el pase a la siguiente ronda por tiros desde el punto del penalti y, en definitiva, el francés Bossis fue quien quedaría condenado ya que falló el definitorio, decretando el pase de los dirigidos por Jupp Derwall a la gran final y mandando a los galos a jugar ante Polonia en el encuentro que nadie quiere jugar, el del tercer y cuarto puesto, que finalmente fue ganado por los polacos 3-2.

Italia campeón del Mundo

La Copa en alto la alzó el portero con mayor edad en coronarse como campeón del Mundo. Dino Zoff era el encargado de levantar el trofeo ganado merecidamente por Italia. Una Italia grande por donde se la mire, merecedora del triunfo final ese 11 de julio en el Santiago Bernabeu. Lo demostró al ganarle 3-1 a Alemania sin despeinarse y con la solidez que acostumbra.

Un recital de goles y fútbol de los de Enzo Bearzot alcanzó para que el partido definitorio se ponga de su lado rápidamente. Más allá que en la primera etapa no pudo sacarle diferencias a su rival, el gol de Paolo Rossi fue el quiebre. Luego, Marco Tardelli desde fuera del área -con uno de los festejos más recordados de la historia de los mundiales- y Alessandro Altobelli desataron la alegría interminable.

No importó el descuento de Breitner, ni la caída de la noche madrileña a esas más de cincuenta mil personas vestidas de azul, porque en definitiva en ese instante, en ese momento preciso, en ese lugar indicado, lo único que importaba era que Italia volvía a ser Campeona del Mundo.