"El fútbol es política porque es un acto social"

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Carles Viñas, doctor en Historia y autor de 'Futbol en el País de los Soviets' y 'Sankt Pauli', plantea una mirada con memoria sobre el fútbol.


ENTREVISTA EXCLUSIVA

Carles Viñas (Barcelona, 1972) tiene muy claro que, en contra de lo que suele decirse, el fútbol no puede separarse de la política. Ha dedicado su carrera a estudiar la evolución de tan particular binomio y, ya como Doctor en Historia por la Universitat de Barcelona, ha escrito varios libros en cuanto a la influencia que ambos mundos tienen el uno sobre el otro. Los últimos son Fútbol en el País de los Soviets, de próxima publicación, y Sankt Pauli, otro fútbol es posible (Capitán Swing).

¿Se puede separar el fútbol de la política?

"Son dos conceptos indisociables, el fútbol es política porque es un acto social. A partir de aquí, cualquier movimiento futbolístico, un fichaje, un partido o lo que sea, tiene una trascendencia política".

En su último libro narra la llegada del fútbol a la Rusia de los Zares y su crecimiento durante la URSS. Y retrata este deporte como una reacción burguesa al rugby que practicaba la aristocracia. ¿Cómo llega el juego a las clases trabajadoras?

"Hay que matizar, ante todo. El fútbol llega a la Rúsia imperial de la mano de británicos y alemanes, básicamente, y tiene dos recibimientos. Por un lado están los que lo acogen con cierto recelo, la clase aristocrática más cercana al Zar, que lo ve como un deporte extranjero, y Rúsia buscaba preservar su tradición eslava; en cambio, los sectores burgueses, más jóvenes, lo ven como un sinónimo de modernidad y como símbolo de homologación y apertura a Occidente. En ese momento la clase trabajadora no tiene tiempo ni ganas de hacer otra cosa que no sea trabajar y descansar para continuar trabajando. Son jornadas de seis días a la semana con turnos de hasta catorce horas diarias y no pueden pensar en otra cosa. A medida que se conquistan derechos el fútbol se extiende. Inicialmente estaba muy localizado en Moscú y San Petersburgo y acaba llegando a las clases populares. Es entonces cuando se produce la distensión, vinculada también a la voluntad por parte de muchas empresas de combatir el absentismo laboral los lunes. Era habitual que el domingo, único día festivo, el único pasatiempo de los trabajadores rusos era consumir vodka y ello provocaba una subsiguiente resaca y los lunes muchos faltaban al trabajo. El fútbol también se introduce para combatir el absentismo laboral y que la producción no se vea interrumpida".

¿En qué punto el fútbol sustituye a la religión como "el opio del pueblo"?

"Seguramente podamos situarlo en la primera década del siglo XX, cuando el fútbol, no solo en Rúsia, se convierte en un fenómeno de masas. Hay un repunte de popularidad y empiezan a aparecer los primeros ídolos futbolísticos, también cierto seguimiento del público femenino, y coincide con la irrupción de la radio. Son elementos que se ayudan a la hora de expandir el fenómeno y convertirlo en algo masivo que acaba sustituyendo a otros deportes entonces muy populares como el boxeo, el ciclismo o el atletismo. A partir de entonces el fútbol pasa a ser el pasatiempo favorito de la clase trabajadora".

La relación es estrecha pero tormentosa a lo largo del tiempo. En Inglaterra al principio se restringía su uso a las clases bienestantes. Luego en la Rúsia zarista se limitaba la presencia de obreros en el fútbol y, más tarde, hasta la URSS inicialmente miraba con recelo al juego. Acabó convenciendo a todos. ¿Por qué?

"En el caso de la URSS fue una cuestión de conveniencia. Hablamos del período en el que triunfa la Revolución de 1917 en plena Primera Guerra Mundial con una parte muy importante de la población movilizada en el frente. El Tratado de Brest-Litovsk puso fin a la participación de Rúsia e inmediatamente después se produjo la Guerra Civil rusa, en la cual las fuerzas contrarrevolucionarias intentan impedir la consolidación de la Revolución con el apoyo de las potencias occidentales que temen el efecto contagio que pueda provocar la constitución del primer Estado obrero y la repercusión que pueda tener en otros lugares. Curiosamente la guerra favoreció la consolidación del fútbol. Las autoridades revolucionarias hasta entonces habían sido recelosas del fútbol pero no tardan en asumir la importancia de que el Ejército Rojo tenga una buena condición física y se introduce la práctica del deporte en el ejército por este motivo".

Esta tensión entre fútbol y poder, y otras, las expone muy bien Simon Kuper. Todos los dirigientes del último siglo, legítimos o no, se han relacionado de una forma u otra con este deporte, que tanto lava caras sucias como ejerce de instrumento de control sobre la masa. ¿Es legítima la instrumentalización del fútbol?

"Más que legitimidad hay que asumir que fútbol y poder es un binomio imposible de separar. A partir de aquí, que un gobierno, un régimen o un autócrata lo utilice en beneficio propio es imposible de evitar. Otro caso es que el intento sea efectivo o produzca el efecto contrario. Por ejemplo, cuando Francia tenía colonias como Algeria y quiso popularizar el cosmpolitismo en la colonia, acaba pasando lo contrario, pues los jugadores algerianos que jugaban en la liga francesa se fugaron de Francia para montar un equipo y beneficiar la causa independentista del Frente de Liberación Nacional. Por lo tanto, hablamos de un binomio inseparable por la trascendencia que tiene el fútbol. Si el tenis tuviera la repercusión del fútbol sería el tenis el que se relacionaría con el poder".

Hay casos particulares claros. ¿Se puede decir que al general Videla le salió el tiro por la culata en 1978 a pesar de ganar la Copa del Mundo?

"Argentina es un caso singular porque es un cruce de caminos. Hay un intento por parte del régimen de utilizar el fútbol en su beneficio pero a la vez ejerce de efecto cohesionador. Hay episodios hilarantes con gente encarcelada que cuando marca la selección se abraza con sus carceleros. Es el efecto de cohesionar a personas distintas que conviven en una dictadura. Hay también protestas en las gradas e intentos de boicot, más o menos efectivos, por parte de varias selecciones y ello provoca múltiples consecuencias. Es el último intento de trasladar una imagen positiva del régimen en Argentina que luego se contrarresta con lo que pasó en las Malvinas".

También se ha escrito mucho en cuanto a la rivalidad entre las dos Alemanias mientas el Telón de Acero estuvo en pie. ¿Cuánta verdad hay en las presuntas deserciones de futbolistas de la RDA cuando salían a jugar al extranjero?

"La misma que encontramos en muchas informaciones relativas a Corea del Norte o cuando se hacía lo propio con el régimen cubano, siempre se hablaba de deserciones. Siempre digo que si todo fuese verdad no quedaría nadie compitiendo. Hay casos verídicos pero muchos forman parte de la propaganda de cada época".

Para combatir los extremos, hooliganismo, ultras, barras bravas y similares, algunos más politizados que otros, el fútbol ha tendido a homogeneizarse, a desvincularse de sus origenes en busca de un encaje global que no ofenda a nadie. Sin embargo, victorias como el 0-5 del Barcelona de Cruyff al Madrid no pueden entenderse del todo sin este componente social y político. ¿La victoria en si misma, desprovista de significado, es suficiente para el seguidor tradicional del fútbol?

"Creo que sí porque hay clubes que no ganan y tienen un componente social muy importante como el Sankt Pauli. Ese no es un club ganador sino perdedor pero tiene un componente social muy importante. No es solo el triunfo el que capitaliza un background político y social sino también en la derrota se puede crear una identidad concreta".

Independientemente del resultado, ¿este nihilismo futbolístico, esta falta de poso sociopolítico más allá de lo deportivo, puede atentar contra la misma base del fútbol, su vínculo con la calle?

"Entonces hay que hablar de otra cuestión como es la irrupción del capitalismo en el llamado fútbol-negocio, que es lo que está pervirtiendo la historia y el trasfondo social de muchos clubes. Muchísimos tienen su memoria colectiva, su historia y su imaginario, que se ven arrinconados porque son elementos que no dan beneficios y hay clubes que están viendo relegada su identidad en pos del beneficio económico. Es un proceso que empieza en los noventa en Inglaterra y que actualmente llega a su cénit con la propuesta de creación de una liga europea cerrada a muchos clubes porque un Barcelona-Albacete no es tan atractivo como un partido del club barcelonista contra el Chelsea o el PSG".

Si la lucha de clases es el motor de la historia y la sociedad de consumo ha desclasado al proletario, ¿podemos trasladar el concepto de fin de la historia también en el mundo del fútbol, visto el tipo de modelo social que interpretan los futbolistas, a menudo más pendientes de parecer que de ser?

"Vayamos por partes. 'El fin de la historia' lo inventó Fukuyama y duró unos meses, hasta que los atentados del 11-S echaron por tierra su teoría. Creo que más bien nos encontramos en una 'postguerra fría', un escenario en el que hay una lucha por la hegemonía mundial que genera una serie de movimientos geoestratégicos muy importantes. En paralelo se está produciendo la transformación hacia el fútbol-negocio, lo cual es cada vez más grave porque se recortan derechos de los aficionados, muchos de los cuales no saben ni qué día ni a qué hora juega su equipo, el precio desorbitado de las entradas... es una vorágine que a la larga puede provocar estadios vacíos y la gente viendo el partido desde su casa, quizá ese sea el fútbol del futuro. Lo cierto es que se está transformando y no veo un movimiento capaz de revertir la situación y no hay que olvidar cómo a muchos aficionados ya les va bien este modelo porque su equipo gana, tiene ídolos o funciona. Esto tiene que ver con la evolución social y el individualismo. Antes mencionamos la lucha de clases y habría que valorar si siguien existiendo y cómo han evolucionado las distintas clases porque han ido apareciendo nuevos grupos como el precariado y otros. Es un mundo convulso de cambios y muchos afectan al fútbol, claramente".

¿En qué piensa cuando ve a Sergio Ramos con una camiseta con el lema working class hero?

"Seguramente sea una marca de moda pero no sé si sabrá el significado de la leyenda que viste. Más allá de la canción de John Lennon para mucha gente este lema retrotrae a la lucha obrera. Me vienen autores como EP Thompson, que participó en la creación del concepto de clase obrera británica. Es lo que me evoca porque además Gran Bretaña es la cuna del fútbol contemporáneo como lo conocemos".

El Barcelona presume de estar en manos de los socios y el 1-O se puso en manos de los futbolistas, que decidieron jugar ante Las Palmas a pesar de la actuación policial en Catalunya. ¿"Més que un club" significa que ese partido nunca se debió jugar?

"Por lo que respecta a la historia del Barcelona, pese a que se niegue o se desconozca, hay una implicación social y política muy clara de este club desde su nacimiento con la realidad social que le rodea. En 1918 el club ya se implicó en la campaña a favor del Estatut de Autonomía y, por lo tanto, hay vocación de vincularse porque entiende que no se puede aislar de la ciudad ni de su entorno social. Que la decisión la tomaran los jugadores me parece extraño y no sé si denota la falta de autoridad por parte de la junta directiva, a partir de ahí, los motivos -o excusas- que se dieron, que si se podían perder puntos o haber sanción, no me convencen. Creo que hay cosas más importantes que un partido de fútbol y si presumes de ser 'més que un club' tenías que haber tomado una postura mucho más concreta".

Entonces, ¿el fútbol es de los futbolistas, de la gente, sea lo que sea este concepto tan maleable, o de quién es?

"De la gente. Hay muchas pancartas que recuerdan cómo el fútbol sin fans no es nada y creo que resumen la misma esencia de este deporte. El fútbol son sus aficionados y lo estan matando, atentan contra la esencia. El fútbol de hoy va contra el aficionado porque le impide seguir a sus jugadores, le impide acceder al estadio con precios abusivos de las entradas, y eso creo que matará de raíz la esencia del fútbol".

¿Otro fútbol es posible, según relata en su obra anterior, Sankt Pauli?

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"Sin duda. Es una realidad que un club profesional, que compite con una licencia profesional en una de las ligas profesionales más potentes del planeta, con millones de seguidores en todo el mundo y con mucho dinero en juego tiene un modelo distinto al de la mayoría. Si este club centenario persiste con cierta solvencia económica y gran seguimiento es porque quizá sea el último espacio para este fútbol alternativo. Este club es un ejemplo que demuestra que otro fútbol es posible".

Sin embargo, Hamburgo es una ciudad con un tejido social y una historia muy particulares. ¿Es posible ver repetido este modelo en otras ciudades?

"Intentar trasladar el modelo, crear un Sankt Pauli en otra ciudad, es complicado. Cada ciudad y entorno es concreto e irrepetible. La evolución histórica de una ciudad-estado como esta, sus movimientos alternativos ecologistas y contestatarios son muy de allí. Sí puede ejercer como referente del cual tomar cosas e iniciativas interesantes para intentar reproducir un fenómeno similar pero lo más probable es que no suceda porque el contexto es muy diferente".

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