Conociendo a Rusia: Dostoyevski, el que inspiró a Einstein, Nietzsche, Sartre y Borges

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Fue un explorador del alma y revolucionó la literatura universal. Sus obras parecen ser los prólogos de la psicología moderna.

Quizá, para entender parte de la enorme y buena literatura que apareció en el siglo XX, haya que explicar primero quién fue Fiódor Mijailovich Dostoyevski. Tal vez, en este ruso, que nació el 30 de octubre de 1821, en Moscú, se encuentre la principal inspiración de un mundo literario posterior que llega hasta estos días en los que Rusia se prepara para organizar en 2018 uno de los principales eventos que tendrá el año, la Copa del Mundo. Es que Dostoyevski, con sus letras, fue un explorador del alma, el hombre que, con sus libros, pareció ser una especie de prólogo de la psicología moderna, intentando comprender los para qué y los por qué de un inconsciente, de una irracionalidad o de un simple sueño.

¿Puede llegar a ser considerado el mejor escritor novelista de la historia? No, porque la subjetividad, justamente, no es objetiva, y no se mide como la matemática. Sin embargo, existen puntos para explicar su grandeza y su enorme influencia internacional: Albert Einstein lo resaltó como una de sus principales musas, colocándolo más arriba que a los mismos científicos; Jean Paul Sartre reconoció que una frase del ruso (“Si Dios no existe, todo está permitido”) fue el principio de la filosofía existencialista; Jorge Luis Borges, Franz Kafka y Gabriel García Márquez, entre otros destacados de la pluma, se iluminaron con sus novelas para crear otras historias que recorrieron el planeta. Y hasta Friedrich Nietzsche solía decir que este particular escritor “era el único psicólogo al que le había aprendido algo”.

Ahora bien: no todo es tan positivo ni tan ideal como se cree. El autor de Crimen y castigo, una de las obras que lo consagraron como un verdadero genio para la época, tuvo una vida repleta de tristezas. De hecho, esos dolores fueron vomitados luego en sus novelas, de manera brillante y auténtica, creando una prosa diferente a la conocida en aquel entonces. El novelista fue educado por un padre médico y una madre que murió cuando él tenía casi 16 años. La desgracia perseguiría de cerca al novelista, quien afrontó luego, dos años más tarde, la muerte de su progenitor, quien fue torturado y asesinado por un grupo de campesinos. Ese dolor –cuentan sus biógrafos- estuvo a punto de volverlo loco: el crimen lo sintió como algo personal por haberlo deseado inconscientemente.

Crimen y castigo Dostoyevski

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Su primera novela que saltó a la fama fue Pobres gentes, publicada en 1846. Tres años después, Dostoyevski fue condenado a muerte por colaborar con grupos liberales y revolucionarios. Lo indultaron y tuvo que partir hacia Siberia para continuar con su calvario que sería relatado en Recuerdos de la casa de los muertos (1861), otro de sus famosos trabajos. Llegaría más tarde Memorias del subsuelo (1864), inspirada también en su experiencia siberiana.

La muerte de su mujer y de su hermano volvieron a llenarle la vida de penas, contrarrestando el éxito literario con el cotidiano. Pudo rehacer su “felicidad” gracias a una nueva y joven esposa, Ana Grigorievna. Tuvieron una niña, pero murió a los pocos días, causando otro profundo dolor en el escritor que entraría en la tentación por el juego y soportaría reiterados ataques epilépticos. Aun así, continuó escribiendo, y lo hizo todavía con mayor ritmo después del nacimiento de su segundo hijo. Aparecieron obras como El idiota (1868), Los endemoniados (1870) o Los hermanos Karamazov (1880), el mejor de sus libros, según el propio Dostoyevski, en el que se mezcla la psicología con la religión y las libertades con la moralidad del hombre moderno.

Falleció el 9 de febrero de 1881, en San Petersburgo. Su camino ya estaba hecho, y tan bien hecho que, con su capacidad intelectual, logró abrir muchas más carreteras para los nuevos escritores, pintores, músicos, cineastas, científicos, filósofos, psicólogos…

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