Alfonso Pérez, el jugador llamado a ser icono del Real Madrid y de la selección española

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Martin Rose
Las lesiones y la aparición de Raúl González evitaron que el jugador nacido en Getafe fuera el gran '7' del fútbol español.

El Real Madrid regresa esta tarde al Coliseum Alfonso Pérez. Un estadio que no se le da excesivamente bien y que toma nombre de uno de los canteranos del conjunto blanco más prometedores pero que nunca llegó a triunfar como merengue, como tampoco nunca llegó a jugar en el Getafe y que las lesiones impidieron que dejara huella en el Bernabéu y con la selección española.

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Alfonso Pérez era un hábil delantero surgido después de la irrupción de la ‘Quinta del Buitre’, llamado a tomar a finales de la década de los 80 el relevo de Emilio Butragueño en la delantera merengue, del cual recogió el dorsal ‘7’ y todo su aprecio. El jugador getafense, de ahí que el estadio del Getafe tomara posteriormente su nombre debido a su lugar de nacimiento -aunque nunca jugara en el club azulón-, trató de demostrar en cinco temporadas en el primer equipo toda su capacidad, sin suerte, condicionado bajo un rosario de lesiones que evitó que fuera uno de los delateros referentes de España en el Mundial de 1994.

Justo en el momento que el club blanco le cedía al Real Betis por cuestiones financieras, en la campaña 1994-95, en una emotiva rueda de prensa bañada en lágrimas, asomaba en el filial la figura de un imberbe Raúl González que terminaría tomando el testigo que él nunca pudo recoger en el ataque del Real Madrid. Mientras, Alfonso empezaba a desplegar el juego que siempre quiso, pero en el Benito Villamarín, con sus llamativas botas blancas que se pusieron de moda gracias a él. Incluso firmaba una de las tardes más gloriosas de la Selección, de las pocas que pudo escribir por sus constantes contratiempos físicos, en aquella recordada remontada ante Yugoslavia de la Eurocopa del año 2000 donde aportó un doblete.

El nivel que adquirió en las cinco temporadas que pasó en la capital hispalense sirvió para que el Barcelona le viera en el 2000 como el sustituto idóneo de Figo en el Camp Nou, pero de nuevo los problemas físicos cortaban otra vez una trayectoria que, pese a un posterior paso por Marsella y un postrimero regreso por el Betis, ya nunca pudo ser tan prometedora como siempre apuntaba, como el gran ‘7’ del fútbol español que el propio Butragueño había apadrinado tanto para el Real Madrid como para la Selección.

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