Aleñá firma la renovación y le marca el camino a Messi

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La continuidad del catalán demuestra cómo el caso del rosarino, cuya renovación se anunció el 5 de julio, no es ni será único.


EDITORIAL

El Barcelona anunció la renovación de Carles Aleñá, el jugador más prometedor del filial, el pasado 28 de junio pero no ha sido hasta hoy, 6 de septiembre, que no ha "protocolizado" -utilizando el mismo término con el que Albert Soler se refirió a la ampliación de Leo Messi el pasado sábado- la prolongación de un contrato que vencía en junio de 2018. De esta forma, Aleñá seguirá vinculado al club azulgrana hasta 2020 y añadirá dos años más si alcanza el primer equipo. Es una situación, a pesar de estar hablando de un futbolista que empieza a despuntar y del indiscutible rey del fútbol mundial, muy parecida a la de Messi, quien sigue sin plasmar el acuerdo con su firma.

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Porque a pesar de que el compromiso del rosarino para con el club azulgrana está fuera de toda duda, no lo está tanto la palabra de la junta directiva, que tanto garantiza que "no hay ningún problema con la renovación de Messi" como que "Neymar se queda al 200 por cien". Además, el presidente, Josep Maria Bartomeu, aseguró en sendas entrevistas a Catalunya Ràdio y ESPN que Messi "ha firmado" tras anunciar el acuerdo el pasado 5 de julio, pero su propio vicepresidente deportivo, Jordi Mestre, y también Soler le han desmentido recientemente. 

En este contexto un sector de la afición desconfía. Porque Messi no ha firmado y la credibilidad de la junta no pasa por un buen momento tras los despropósitos y los constantes cambios de rumbo durante el mercado de verano. Sin embargo, la situación de Messi no es excepcional como demuestra la renovación de Aleñá, que ha plasmado su garabato en su nuevo contrato sesenta y nueve días después de ser oficial.

Desde el anuncio de la continuidad de Messi han pasado sesenta y tres días y nada hace pensar que no llegue a plasmarse por mucho que cueste de creer que en estos más de dos meses las partes no hayan encontrado un hueco para hacerse la foto y firmar el dichoso contrato que amanse al aficionado más inquieto. Porque cualquier contratiempo alrededor de Messi, lo único innegociable de forma unánime para una afición tan cainita como la barcelonista, supondrá un desastre sin precedentes para el barcelonismo.

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