Noticias En vivo
Atlético Madrid

Al Atleti no le sobra Ángel

10:00 ART 30/8/19
Angel Correa Atletico Madrid Valencia LaLiga
El jugador tuvo una infancia difícil y problemas en el corazón antes de llegar al Atlético. Puede ser revolucionario en las segundas partes

Recuerdo la primera vez que le vi. Fue en marzo de 2013, en un San Lorenzo-Newells. Aquél equipo, el del Papa Francisco, prometía hacer algo grande. Y aquél día saltó al campo en la segunda parte un chico que recién estrenaba la mayoría de edad. Le vi hacer un par de regates, de esos descarados, de pibe de barrio que no tiene nada que perder, de los que ha aprendido a hacer gambetas entre coches y calles sin asfaltar. Cuando me marché de la cancha, fui a fijarme en su nombre: Ángel Correa. A partir de entonces, me quedaba alguna madrugada española para ver partidos de San Lorenzo. Lo hacía por él, por esa capacidad de cambiar un partido sólo por estar en el césped. Acabó siendo la estrella del San Lorenzo de Juan Antonio Pizzi, que ganó el campeonato y la Copa Libertadores. Pregunté por él al presidente del club 'cuervo', que pronto dio por hecho su pase al Atlético de Madrid, el club que más apostó por él, seguramente casi desde el mismo día que le vi yo debutar. Fuera como fuera, necesitaba de unos meses más para curtirse en la liga argentina y prepararse para ese salto a Europa.

Mientras tanto, volví a Argentina. A Rosario, ciudad natal de Correa. Allí conocí más sobre él. Sobre Flores, su villa, una de las más afectadas por el narco. Allí se crió, rodeado de drogas y delincuencia, donde lo fácil es caer en manos de mafias que usan a niños, más bien bajitos, como Ángel, para colarse entre las casas. Su familia estaba compuesta por 10 hermanos, su padre había fallecido cuando él tenía diez años, así que su madre hacía lo imposible para poder alimentar a sus hijos. Uno de sus hermanos murió cuando Ángel cumplió los 12.

Pronto llegó a oídos de Franciso Lapiana, conocido en Rosario por otras causas, el nombre de Ángel Correa, que seguía a lo suyo: driblando autos, pateando pelotas y esquivando el peligro. Prometieron llevárselo a la capital y convertirlo en la salvación económica para toda la familia. Así que con apenas 10 años, Ángel se fue a River, a 400 km de su familia. Después, con 12, se marchó a vivir a la residencia de San Lorenzo donde recibió la comunión del Papa Francisco y donde lloraría de nostalgia centenares de noches. Se hizo un hombre, siendo un niño.

Las noticias que llegaban desde Rosario no eran muy alentadoras. Los que se habían adueñado de su pase sonaban más en las noticias sobre redadas y detenciones policiales que por sus labores de representantes. A Francisco Rafael Lapiana, que estuvo preso en varias ocasiones, lo mandaron a juicio acusado de lavar dinero de la mafia 'Los Monos' con la compraventa de jugadores. Lapiana había intervenido en los pases de dos rosarinos Ever Banega, y César Delgado, delantero de Rosario Central, Cruz Azul y Paris Saint-Germain. Los dos futbolistas surgieron de Alianza Sport, el club que Lapiana manejaba y donde también jugó Correa, quien tuvo que ir a declarar en más de una ocasión por presunta vinculación de Lapiana y 'Los Monos' con distintos delitos. Así se cuenta en el libro'Los Monos. Historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno, escrito por los periodistas Hernán Lascano y Germán de los Santos, y que también habla de cómo fueron esos años para el pequeño Ángel: “En 2007 por pedido de Marcela Martínez, la muy temperamental madre del chico, Lapiana lo sacó a Correa de River y se convirtió en su mánager. Le pagaba un dinero a Marcela a cambio del ciento por ciento de los derechos federativos del chico. En su oficina están los recibos firmados de los dos mil pesos que le daba por entonces. Semanalmente le mandaba cajones de verdura y de pollo para una familia que, según decía el cazatalentos, estaba cansada de comer pan y tomar mate cocido como única dieta”.

Apareció en escena Agustín Giménez, su actual agente, un 'hermano de la vida' para Ángel y que le ayudó a desvincularse de nombres como la familia Cantero y 'Los Monos'. Aunque en febrero de este año, su hermana Julieta era detenida junto a uno de los miembros de 'Los Monos'. No fue imputada en ninguna causa. Concretamente se investigó a Lapiana como parte clave del entramado para lavar dinero proveniente del narcotráfico y de otros delitos a través de la compra de futbolistas. Sin embargo, el representante terminó absuelto.

Pero antes, en junio de 2014, con 19 años y a punto de aterrizar en Madrid, de cumplir su sueño y la necesidad de una familia entera, llegó la mala noticia. En una de las revisiones, detectaron un tumor en el corazón de Ángel. Había que operar y nadie garantizaba que pudiese seguir jugando al fútbol. Lo primero era salvar su vida. El Atlético, que todavía no había podido recibirle, se hizo cargo económicamente de la intervención quirúrgica realizada en Nueva York. Desde entonces, una cicatriz de lado a lado del pecho le acompaña. Justo donde se lee la palabra que se tatuó después: “Familia”. Se recuperó, pero aún faltaban muchos meses de incertidumbre, de no saber si podría vestirse la camiseta rojiblanca, si toda la presión vivida desde que medía menos de metro y medio, iba a tener un final feliz. Se entrenó varios meses en solitario en Madrid, hasta julio de 2015, cuando Simeone le hizo debutar en un amistoso ante el Numancia. Correa marcó el 0-2.

“El Atlético de Madrid me salvó la vida”, ha dicho el futbolista en alguna entrevista. Lo que no sabe es que él solo ya se había salvado mucho antes, varias veces, desde que vivía en Flores. Habló de ello en 'El Gráfico': “Conocí gente que se drogaba y todo, y cada vez que ellos me veían me decían: “nunca te queremos ver con esto, vos tenés que dedicarte al fútbol. Si te vemos con esto, te matamos (...) Y yo mismo también veía que había un montón de pibes que la `rompían´ en el barrio y después se quedaban en el camino, porque fueron padres, o por la droga, o por el alcohol, o porque fueron heridos de bala por estar parados en un lugar en el que no tenían que estar...". Su destino pareció siempre escrito, no bastaba con talento, sino con mucho esfuerzo.

Desde entonces Ángel ha sido papá de Lola; ha recibido la noticia de la muerte de su hermano mayor por un supuesto suicidio; se quedó fuera a última hora del Mundial con Argentina; no ha abierto la boca par reivindicarse donde no debía cuando Simeone lo ha preferido en el banquillo... Intuye que es uno de los futbolistas favoritos del cuerpo técnico, pero no por ello tiene el puesto ganado. Ni mucho menos. Le hemos visto aparecer en segundas partes, siendo a veces el único capaz de desbordar y de encarar puerta casi antes de recibir el balón. Se le espera una máxima capacidad goleadora, pero no deja de ser una faceta engañosa. Le sigue penalizando una equívoca comparación con el Kun Agüero, cuando apenas se le había visto tres partidos en primera con San Lorenzo. Con ese afán de titular con “el nuevo Messi, el nuevo Kun,...” de la prensa argentina. Correa no es goleador, nunca lo fue, es un enganche que en su mejor año 2013-2014, metió 8 goles. Aunque en su primera media temporada rojiblanca igualó esa cifra.

La imaginación y libertad del jugador se han topado a menudo con la solidez y rigidez de este Atleti. Le ha podido restar verticalidad, o estar más pendiente de no perder algunos balones que generan contras peligrosas, algo que le costó y que ha mejorado notablemente. Es posiblemente el que mejor se mueve en espacios cortos de toda la plantilla, no necesita muchos metros para generar una situación de peligro, gana en velocidad y actúa tanto en banda como segundo delantero. Necesita liberarse, en ocasiones, de exigencias defensivas para aprovechar más esas segundas jugadas que compañeros como Diego Costa le pueden aportar. Ha pecado de individualidad pero es progresiva su asociación. Al fin y al cabo es de los pocos capaces de desequilibrar en el sistema del 'Cholo'. Su rol puede seguir siendo de revolucionario en las segundas partes, le suele ir bien, por qué no, más si mejora su definición, que lo viene haciendo. Teniendo en cuenta además que Atleti tiende a un ritmo plano y previsible en las últimos tramos de partido. Así, después de la marcha de Griezmann, son los Lemar, Vitolo o Correa los que pueden aparecer para hacer algo distinto. Con especial paciencia, sí. El argentino sabe que todo llega, sabe de pelearla y darle la vuelta al peor de los escenarios. Ahora parece que el de Milán se aleja. Al Atleti no le sobra. Le falta Ángel.