Abdón Porte, el hombre que volvió tragedia su amor por Nacional

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El 4 de marzo de 1918, el mediocampista se disparó un tiro al corazón en el campo de juego del Parque Central: había perdido el puesto en el equipo.

"Nacional aunque en polvo convertido
y en polvo siempre amante.
No olvidaré un instante
lo mucho que te he querido.
Adiós para siempre".

El empleado del Parque Central tomó una de las dos notas guardadas en el sombrero de paja que se encontraba junto al cadáver ensangrentado y leyó los versos, sin lograr asimilar del todo que ocurría. En la mañana de aquel 5 de marzo de 1918, hace cien años, había llegado a trabajar al estadio de Nacional de Montevideo como todos los días, pero al salir al campo de juego se encontró con lo impensado: sobre el césped, yacía muerto Abdón Porte, el capitán del Bolso.

Se había disparado al corazón durante la noche anterior, desgarrada su vida por la noticia que le habían comunicado por la tarde, tras el partido contra Charley: esa había sido su última vez como titular. A partir del encuentro siguiente iba a jugar Alfredo Zibechi.

Apenas la bala partió del revólver hacia el pecho del futbolista para desangrarlo hasta morir, comenzó a nacer la leyenda del hombre que eligió dejar de vivir antes de no serle más útil al Bolso. Con su fallecimiento, Porte se volvió un mito. Un grito de guerra. Un estandarte: en el Tricolor se juega y se vive "por la sangre de Abdón", tal como reza una histórica bandera de la hinchada del club uruguayo.

El Indio, tal como lo apodaban, había llegado a Nacional en 1911, tres años después de afincarse en Montevideo desde su Durazno natal. Desde su debut en marzo de ese año, fue dueño indiscutido del mediocampo del equipo durante siete años, en los que disputó 207 partidos. Sin embargo, para 1918, su nivel había comenzado a decaer. Ya no era el de antes. Y no lo pudo soportar: ni siquiera el inminente casamiento con su novia le servía para compensar la frustración de ya no poder aportarle lo suyo al equipo. Por eso, luego de jugar por la tarde y cenar con sus compañeros durante la noche del 4 de marzo, se subió al tren y fue hasta el desierto Parque Central. No le fue difícil ingresar. Una vez adentro, fue hasta el círculo central, apuntó al pecho la pistola que llevaba en el bolsillo y gatilló.

Y así, llegó al final su (trágica) historia de amor.

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