25 años del fichaje de Maradona por el Sevilla: su versión incontrolable

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Getty Images
Tras cumplir una larga sanción por un doping y que se destrabara una negociación infernal, el 10 aterrizó en España.

Le dolían demasiado las rodillas. La columna no le aguantaba mucho. Se la pasaba más tiempo en la camilla que en cualquier otro lugar. Lo de él no eran entrenamientos, eran recuperaciones para llegar con lo justo al siguiente partido. La figura no era la misma. Sí, sacaba diferencias con la técnica: la paraba con cualquier parte del cuerpo, se adelantaba unos segundos al resto porque sabía a dónde iba a caer la pelota, mantenía la precisión en la pegada. Pero el físico ya no le permitía ser el mejor del mundo.

En el fondo, quizás no se trataba sólo del físico. El 17 de marzo de 1991, después de un partido de Napoli contra Bari, le saltó un doping positivo por restos de cocaína. El 8 de abril, la Comisión de Disciplina de la Federación Italiana lo castigó con 15 meses afuera del futbol. El 4 de octubre de 1992, un año y medio después, debutó en la Liga de España con la camiseta de Sevilla, en un partido ante Athletic Bilbao. Por el club de Nervión había fichado el 22 de septiembre, hace exactamente 25 años. 

Maradona no era el mismo.

"Si no viene Diego, yo agarro mi valija y me vuelvo a Buenos Aires". Carlos Salvador Bilardo metía presión. Quería reeditar la historia, pretendía servirle a Maradona el lugar perfecto para su reinserción en el balompié. Unos años atrás había tomado una de las decisiones más difíciles de su carrera: al mando de la Selección Argentina, le sacó la cinta de capitán a Daniel Passarella, gran símbolo del Mundial 78, y se la dio a Maradona. El 10 no falló: fue la gran figura en México 86, probablemente el jugador más desequilibrante en un torneo.

La negociación fue un infierno. Corrado Ferlaino, presidente del Napoli, no lo quería dejar ir. El argentino, que quería abandonar Nápoles, perseguido por el fisco italiano y con la necesidad de cambiar de aire, tenía contrato en el equipo italiano hasta junio de 1993. Luis Cuervas, mandatario de Sevilla, estaba obsesionado en terminar de construir un súper equipo: ya tenía al Cholo Simeone y Davor Suker, entre otras figuras. Las conversaciones duraron 88 días y se desbloquearon sólo tras una cumbre en la FIFA en la que intervino el propio Blatter, que antes de la reunión entre las partes había sido drástico: "Si no conseguimos el acuerdo hay que cerrar la FIFA".

Maradona ya estaba en Sevilla. Hasta había elegido la casa en la que quería vivir: la del torero Juan Antonio Ruiz, el Espartaco. Salía en unos ocho mil dólares mensuales. Al final, el pase se cerró por 5,9 millones de euros.

Sevila, un equipo que aspiraba a la gloria grande, que recién llegaría varios años más tarde como una especie de dueño de las finales de la Europa League, se ilusionaba con una fórmula que había sido la más poética y funcional de la historia del futbol: Maradona-Bilardo.

Pero, a los 32 años, a Maradona le costaba ganar continuidad. Él se desesperaba, se obsesionaba. No quería jugar para la gente, tampoco a los dirigentes y mucho menos a los periodistas. Necesitaba demostrarle a sus hijas, Dalma y Gianinna, que papá era tan bueno como lo decían las revistas viejas y los videos.

Ni esa motivación le alcanzó.

Un partido brillante ante Real Madrid en el que hizo lo que quiso. Un gol fantástico, con control de pecho y giro mágico, contra Sporting Gijón. Varios toques de inspiración. Un séptimo puesto en La Liga que no alcanzó las expectativas (en el torneo anterior, el equipo había salido 12°).

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El 12 de junio de 1993, el final. Después de infiltrarse en el entretiempo para salir a jugar contra Burgos, Bilardo decide cambiarlo a los ocho minutos del complemento. Maradona se quitó la cinta de capitán y se fue directo al vestuario. Pero antes le dedicó un mensaje a Bilardo: "¡Hijo de puta! ¡La puta madre que te parió!".

"Sevilla nunca más. Es más, tengo más ganas de largar el futbol que de volver a jugar. Nos vamos", le dijo a su mujer, Claudia. Maradona no volvió a pisar el club español.

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