Mundial de Clubes, ¿la antítesis de un Mundial de Selecciones?

Exclusividad de sedes, precaria calendarización y privilegios sin sentido son algunos puntos que ponen en juicio la universalidad del Mundialito.

Comenzó el Mundial de Clubes, torneo que reúne a los campeones de las seis confederaciones afiliadas a la FIFA, más el campeón del país sede, en busca del título que, por consecuencia, califica al club ganador como el mejor del mundo.

Sin embargo, existen ciertos puntos que, en comparativa con Copa del Mundo, contrarrestan las premisas deportivas que el organismo declara y que, a raíz de los últimos escándalos, resultan simplemente anecdóticas.

Sedes exclusivas: la universalidad del futbol ha sido una de las tantas banderas que la FIFA y sus máximos representantes se han encargado de repetir sin cesar, en cada ceremonia, acto u oportunidad que se presenta. Sin embargo, desde su creación, el Mundial de Clubes solo ha contado con cuatro sedes distintas: Brasil (2000), Emiratos Árabes Unidos (2009, 2010), Marruecos (2013-2014) y Japón (2005-2008, 2011-2012, 2015).  

Calendarización: el nivel de calendarización de este torneo es pobre, tomando en cuenta que se disputa a media temporada de los clubes europeos, quienes además del desgaste físico, deben reorganizar las jornadas de su liga, desajustando los calendarios originales y perjudicando a terceros (otros clubes), teniendo como resultado final el sumergirse en una saturación de partidos que, si ya es altísima, termina por ser alarmante.

Poca preparación para afrontar el torneo: originado de la calendarización, los futbolistas no determinan un tiempo específico para preparar el Mundialito; algunos equipos conocen a sus rivales con días de antelación a su debut y llegan con desconocimiento del rival al partido. Si el objetivo es cumplir el trámite por encima del futbol, el camino es el correcto.

Saturación de partidos y competiciones: bajo la demanda comercial y mediática, los clubes de futbol  son cómplices de una bola de nieve que parece no detenerse. La saturación de partidos comienza a permear en los futbolistas, quienes son más recurrentes a las lesiones.

Privilegios sin sentido: equipos como Barcelona o River Plate acceden a una fase de semifinales, sin competir. La excusa perfecta es que ‘vende más’ el tener al mejor equipo de Europa o de Sudamérica en instancias finales. ¿En un mundial de selecciones deben calificar algunas selecciones a segunda fase sólo por ser potencias y vender más?

Esquema para la final ideal: no conforme con los privilegios antes mencionados, las llaves del Mundial están preparadas para que la final se dispute entre el campeón de Sudamérica y el campeón de Europa. 

¿Beneficio deportivo o económico?: ¿Qué otorga el conquistar el Mundial de Clubes, más allá de lo económico? Deportivamente, poco, casi nada. En lo económico, un sello en la camiseta que ayude a elevar las ventas y consiga mejores contratos al momento de proclamarse como "el mejor equipo del mundo". Sin embargo, en ocasiones, el Mundialito llega a convertirse en una altísima inversión sin retorno.

En la edición anterior (Marruecos 2014), el país marroquí sufrió pérdidas cercanas a los 30 millones de dólares en gastos logísticos (hospedaje y traslados de los equipos de élite).

Sumado a esto, la pésima gestión de tiempos y calendarios originó que el partido de semifinal entre Real Madrid y Cruz Azul tuviera que ser cambiado de sede, debido al mal estado del estadio Moulay Abdellah, en Rabat, el cual fue remodelado para dicho certamen con un costo cercano a los 25 millones de dólares; el encuentro terminó por disputarse en el estadio de Marrakech, en la capital, y el cual albergó la final siendo sometido a una carga de trabajo de tres partidos en cinco días.

Y si esto fuera poco, la repercusión de este suceso fue de reprobación total en la afición que hizo el traslado desde diversas partes del mundo, para observar a su equipo favorito proclamarse como "el mejor del mundo".

¿Es el Mundial de Clubes la antítesis del Mundial de Selecciones?