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El volante japonés, que acaba de ser presentado en Milan y usará la 10 del Rossonero, presagió esta actualidad cuando tenía 13 años, en un ejercicio escolar. Increíble historia.

Keisuke Honda ya había escrito este momento. Como esas películas pochocleras en las que el protagonista predice su futuro, el volante japonés anotó en un papel, quince años antes, lo que ahora le tocaba vivir en su presentación como nuevo futbolista de Milan, club que se estima le pagó 20 millones de dólares a CSKA Moscú por su pase (la cifra no fue revelada al periodismo).

A los 13 años, el japonés era un pibe más entre tantos que sueñan con llegar a ser profesionales. Una profesora del colegio le dio una consigna para el ejercicio de principio de año: pensar en un sueño y contarlo detalladamente en un papel. Para muchos, a esa edad, pudo haber significado unan encrucijada, miles de alternativas procesadas por el espíritu revulsivo de la adolescencia. Honda, sin embargo, no dudó. Escribió bien clarito que su porvenir estaría consagrado al fútbol, que algún día llegaría a ser el mejor jugador del mundo, que usaría la 10 y triunfaría en la Serie A, que ganaría un Mundial con Japón venciendo en la final 2 a 1 a Brasil. Algunas de esas fantasías de aquel chico se cumplieron esta semana. Otras, ya se habían concretado anteriormente.

El japonés escribió a los 13 años que jugaría en la Serie A.

Este es la traducción del original de aquella breve proyección que escribió Honda en marzo de 1999, traducida por Césare Polenghi, periodista de Goal Japón. El documento fue revelado por el director ejecutivo de Milan, Adriano Galliani.

Cuando crezca, quiero llegar a ser el futbolista más fuerte del mundo . No, voy a ser el mejor. Para ser el mejor del mundo hay que jugárselo todo, más que ningún otro. Estoy trabajando para eso, para cumplir mi objetivo.

Todavía no soy tan buen jugador como querría, pero voy a trabajar duro para convertirme en el más grande. Cuando lo sea, quiero ser rico y ayudar a mis padres.

Llegaré a ser famoso algún día, porque voy a jugar el Mundial y además sere comprado por un equipo de la Serie A. En ese equipo jugaré con la camiseta 10.

Quiero ganar ¥ 4,000,000,000 al año (en 1999, esta cifra equivalía a 40 millones de dólares, al cambio actual).

Sueño algún día firmar un contrato con Puma y mi propio juego de camisetas , de modo que la gente de todo el mundo pueda comprarla.

Después voy a jugar en el torneo que todo que enloquece a todo el mundo cada cuatro años: la Copa del Mundo. Después de triunfar en Italia, se reunirán los de la confederación japonesa para entregarme la camiseta 10 de la Selección. Seré el símbolo de mi equipo. (Debutó con Japón en junio de 2008, ante Bahrein por Eliminatorias mundialistas, y disputó el Mundial de Sudáfrica).

Quiero ganarle a Brasil por 2-1 en la final de la Copa del Mundo.

Mi sueño es compartir una cancha con mi hermano (Hiroyuki Honda era un futbolista prometedor, en 2005 se convertiría en un profesional, pero una lesión detuvo su carrera y lo obligó a colgar los botines), superar al equipo más fuerte en el mundo, hacer pases con él y marcar un gol.

La historia de Honda es demasiado color de rosas como para no aburrir, pero al mismo tiempo es inevitable no resaltar su carácter holliwoodense. Pocos ejemplos más contundentes para aquellos talibanes del destino, enamorados de la idea de un futuro capaz de ser manipulado.

Entre tantas predicciones quedó una por cumplir: la final del Mundial contra Brasil. ¿Se viene un Maracanazo nipón?

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