Pizzi, de renunciado a campeón

Dos meses antes de la coronación en Liniers, el entrenador de San Lorenzo estuvo a punto de irse del club. La derrota ante Arsenal por Copa Argentina lo había debilitado.

Durante esta semana, Juan Antonio Pizzi será la cara preferida de los programas deportivos. La voz predilecta de las tiras radiales futboleras y el blanco ideal de análisis para la prensa gráfica. Es lógico: se trata del técnico campeón. Lo que no se explica, o sí, y ahí está el problema, es que el técnico campeón del fútbol argentino, el que hoy se lleva los aplausos por este San Lorenzo, ayer presentó la renuncia.

En octubre, tras la final de la Copa Argentina perdida frente a Arsenal, los rumores sobre la salida de Pizzi se reprodujeron a gran velocidad. Dos meses antes de esta vuelta olímpica en Liniers, de este desahogo y estas lágrimas de San Lorenzo, su entrenador fue el candidato a engordar las listas de despedidos o renunciados. El tropezón en Catamarca ante los dirigidos por Gustavo Alfaro se sumaba a la decepcionante eliminación de la Copa Sudamericana luego de la serie vs River.

Hubo mérito en Pizzi, antes y después de esa tensión generada por haber perdido la final, para renovar el ímpetu competitivo de su equipo y conducirlo otra vez hacia lo más alto.

Al inicio del campeonato, cuando al Ciclón le costaba repetir una formación y el DT era cuestionado por tantas variantes, el propio Pizzi argumentaba que la rotación era una apuesta a futuro. Uno de los sostenes de San Lorenzo en el último tramo del Inicial fue justamente la entereza para soportar los partidos, para mantener una dinámica y un ritmo que sus rivales por lo general no pudieron aguantar.

Los partidos con Boca y Newell’s sirven como ejemplo de esa virtud planificada por su entrenador. Contra el primero exhibió una velocidad que no estuvo a la altura de ningún futbolista Xeneize. Al segundo, acaso el equipo que más exige a sus rivales, le jugó de igual a igual en el Parque de la Independencia.

Otro acierto fue saber reaccionar ante los imprevistos. La lesión de los centrodelanteros Martín Cauteruccio y Gonzalo Verón nublaron el panorama de San Lorenzo. No es casualidad que de los nueve puntos posteriores a la lesión del uruguayo, el equipo haya sumado sólo uno.

En conjunto con la dirigencia, el técnico prescindió de ir en busca de un refuerzo y sostuvo a los juveniles Ángel Correa y Héctor Villalba. Esta dupla lo revitalizó, lo renovó. Eso, renovación, el campeón del fútbol argentino se pudo dar el lujo de renovarse a mediados del campeonato. Pasó de usar un esquema tradicional, con una referencia bien marcada en el ataque, a ser un equipo veloz y punzante con delanteros constantemente en rotación. En plena competencia, cambió su biografía futbolística. Lo que pudo haber sido un trauma, lo terminó coronando. Lo que pudo haber sido un nombre más en la lista de entrenadores despedidos y renunciados, es hoy la cara del éxito. Esa que durante esta semana abundará en diarios, radios y canales de televisión.