Di Stéfano también hizo historia en el fútbol argentino

La Saeta Rubia inició su carrera en River, donde ganó dos títulos, y tuvo un paso a préstamo por Huracán. Es, también, el único técnico que fue campeón con el Millonario y Boca.

La leyenda de Alfredo Di Stefano, quien falleció en España a los 88 años, se gestó en el Real Madrid de las cinco Copas de Europa. Pero, mucho antes de convertirse en la gloria máxima de la historia del club español, el camino de la Saeta Rubia se empezó a forjar en el fútbol argentino. En River y Huracán, más precisamente.

Llegó al club de Núñez a principios de la década de 1940, mientras La Máquina de José Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Ángel Labruna, Félix Loustau y Adolfo Pedernera dejaba una huella indeleble en la historia del fútbol argentino. El 15 de julio de 1945, con 19 años recién cumplidos, Renato Cesarini lo hizo debutar en una derrota 2-1 contra Huracán en la cancha de San Lorenzo. Sería su único partido en ese torneo, que significaría también el primer título de su carrera: con la base de La Máquina (Moreno se había ido y fue reemplazado por Alberto Gallo), el Millonario se consagró campeón del torneo, que tuvo a Labruna como goleador con 25 tantos.

Al año siguiente, sin demasiado lugar entre las leyendas que conformaban el ataque riverplatense, Di Stéfano se fue a sumar ruedo a Huracán. Debutó el 21 de abril, en la derrota 1-0 del Globo contra Chacarita por la primera fecha del campeonato de 1946. Cuatro partidos después, llegaría su primer gol como profesional: el 26 de mayo, en Parque de los Patricios, el delantero anotó no uno, sino dos tantos para el triunfo 3-1 del Quemero sobre Estudiantes. Finalmente, serían 10 festejos en 25 partidos en el club. Aunque el equipo finalizó noveno, muy lejos del campeón San Lorenzo, todavía se recuerda en el sur de la Ciudad de Buenos Aires la delantera que conformó la Saeta con Tucho Méndez y el Turco Simes.

Para 1947, volvió a River. Y llegó el momento de la explosión. La Máquina empezaba a quedar en el pasado, Pedernera se había ido a jugar al fútbol europeo y Di Stéfano tomó su lugar en el equipo. La apuesta no le pudo haber salido mejor a José María Minella: 27 goles en 30 partidos convirtió el punta, que terminó como máximo goleador no sólo del país sino del continente. River fue campeón nuevamente y su nombre empezaba a volar alto: ese año, hizo su debut en la Selección argentina que ganó el Sudamericano de Guayaquil.

Los siguientes dos años también los jugó en Núñez. En 1948, disputó 24 de los 30 partidos del torneo y marcó 13 goles, que no alcanzaron para llegar al campeonato: el Millonario fue segundo, cuatro puntos por detrás de Independiente, el ganador de un certamen que estuvo marcado por la huelga de futbolistas que se desató a cinco fechas del final y en la que la Saeta estuvo muy involucrado.

Para 1949, ya nada era igual en el fútbol argentino: las grandes figuras se habían ido en masa atraídas por el dinero fresco (e ilegítimo para la FIFA) que ofrecían en Colombia. Di Stéfano se quedó en River y, en los primeros once partidos del torneo, hizo nueve goles. Pero llegó Millonarios de Bogotá con una oferta imposible de rechazar y el delantero se llevó su fútbol a tierras cafeteras. Atrás, dejó 66 encuentros, 49 goles y dos campeonatos con la banda roja en el pecho.

Sin embargo, no sería ese el final de su historia en el fútbol argentino: a finales de la década de 1960 volvería como entrenador. Pero en Boca. Contratado por Alberto J. Armando en 1969, Di Stéfano armó un muy buen equipo , que quedó afuera de la final del Metropolitano por apenas un gol, ganó la Copa Argentina y cerró el año con la inolvidable consagración en el Nacional en el Monumental, tras empatar 2-2 el Superclásico. Después de esos logros, volvió a España para entrenar al Real Madrid y otros clubes. Pero en 1981 regresó y tuvo su chance en River: ganó el Nacional de 1981 y se convirtió en el único técnico campeón con los dos principales equipos del país. En el 85 tendría una segunda experiencia en el Xeneize, pero los resultados no acompañaron y se fue tras una derrota 2-0 contra Talleres de Córdoba, un 10 de noviembre.

Apenas un detalle. Su leyenda no podrá mancharse.