thumbnail Hola,

Desde que fueran campeones en 2002, los cariocas han desaprovechado a un elenco de jugadores como Kaká, Dani Alves, Maicon, Lúcio, Luis Fabiano, Robinho o Baptista

Dieciocho meses antes de organizar la Copa del Mundo de 2014, la confederación brasileña de fútbol tomó la decisión de destituir a Mano Menezes, quién había asumido las riendas del equipo tras el fracaso de Dunga en Sudáfrica. La vacante desencadenó un torrente potencial de sucesores que ilustraron a la perfección el proceso de indefinición que atraviesa Brasil con su Mundial a la vuelta de la esquina.

Frente a Inglaterra, otra selección a la deriva, inicia Felipao Scolari su segundo periplo como seleccionador de Brasil. Su primera alineación presentará el cruce de caminos entre el último gran futbolista carioca, Ronaldinho, y el que está llamado a ser la luminaria del país más apasionado del fútbol en el próximo lustro, Neymar.

Entre Ronaldinho, campeón junto a Scolari en 2002, y Neymar, reposa la generación perdida del fútbol brasileño. Por diversos motivos, la selección más laureada de la historia ha contado con una serie de jugadores fenomenales, que nunca han cumplido las expectativas del combinado verde y amarillo. Los Kaká, Dani Alves, Robinho, Lúcio, Maicon, Luis Fabiano o Baptista, entre otros.

Favorita perenne por nombres e historia, la realidad es que casi ningún jugador brasileño ha alcanzado con su selección en la última década la dimensión que ha convertido a muchos de los futbolistas enumerados en algunos de los mejores. Ni siquiera el propio Ronaldinho lo hizo en realidad. Secundario en Japón y Corea, no dio el paso adelante que demandaba el combinado en 2006, cuando el futbolista del Barcelona pasaba por el mejor del planeta.

No es un problema de nombres el de Brasil, que continúa siendo una factoría inagotable de talento. La falla resulta estructural. La derrota en la final de los Juegos Olímpicos y sobre todo, la sonrojante eliminación en primera ronda en el reciente Sudamericano sub’20, unidos a los batacazos en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 invitan a una profunda revisión en el fútbol brasileño. Obviada la catarsis de cara a afrontar con garantías la cita que organiza, Scolari, técnico en 2002, fue elegido como medida de choque.

Ninguna selección tendrá en el verano de 2014 las exigencias y la presión de Brasil. Tampoco ninguna lo afrontará con la falta de previsión de la que ha hecho gala Brasil en la última década. Entregada a la inmediatez y a producir jugadores de un mismo corte, fenomenales algunos, y sin una línea argumental definida en la conducción técnica, la selección carioca ha perdido nivel en el contexto internacional de selecciones. De un tiempo a esta parte, no se sabe a qué juega Brasil. Es la razón de que haya enterrado a una generación. De Ronaldinho a Neymar, todo es tierra quemada a nivel de selección. Por sí solo, la figura del Santos tiene complicado cambiar este sino.

Artículos relacionados