El origen de
Sergio Agüero

Parte I – Por Sam Lee

"Vivíamos en una zona tranquila y no teníamos muchas cosas", dice Sergio Agüero ahora, recordando una infancia que estuvo a punto de no tener. "Mi padre lo intentó todo para encontrar trabajo y apoyarnos. Tenía confianza en que yo tenía la habilidad de jugar al fútbol, así que se centró en mí desde que era niño, gracias a eso estoy aquí ahora".

Sergio Aguero a Goal

No sorprende leer que Agüero, de los suburbios de Buenos Aires, Argentina, creció en la pobreza.

De hecho, lo más notable de su viaje no son los tremendos sacrificios que se hicieron en el camino, sino el simple hecho de haber nacido.

Sergio con su maestra de jardín de niños.Credit: Born to Rise, My Story

Sergio con su maestra de jardín de niños.

Credit: Born to Rise, My Story

El padre de Agüero, Leonel Del Castillo, y su madre, Adriana Agüero, tenían 17 y 19 años respectivamente y ya habían tenido su primera hija, Jessica, cuando se mudaron de sus casas familiares, en Tucumán, a la capital argentina, a más de mil kilómetros de distancia. Fueron en busca de una nueva vida y nuevas oportunidades, pero lo único que pudieron obtener en un principio fue una parcela propiedad del hermanastro de Leonel, a 50 metros del contaminado río Las Víboras en el decaído distrito de González Catán.

Leonel, un talentoso futbolista, usó los pocos materiales que podía conseguir para construir la casa familiar desde cero. Tenía apenas suficientes ladrillos -aunque las capas más altas debían ser apiladas en sus extremos más finos para hacer la casa más alta- y colocó el techo, una hoja de metal, sobre la parte superior. El baño era un hoyo en el exterior, parcialmente cubierto, y no había agua corriente, lo que significaba que Adriana, acompañada por Jessica, tenía que caminar 100 metros para llenar dos contenedores de 20 litros.

Credit: Dario Alpern

La casa estaba cerca de un potrero, los improvisados ​​campos de fútbol que darían forma a toda la vida de Sergio, y Leonel era suficientemente buen jugador para que algunos clubes pagaran por sus servicios durante los torneos de fin de semana.

Esos juegos, combinados con otros trabajos esporádicos en la zona, alcanzaban para proporcionar un ingreso básico a la familia, pero esos recursos pronto tendrían que extenderse más, cuando descubrieron que Adriana ya estaba embarazada de su segundo hijo después de haber dejado Tucumán.
Lo que siguió fue una serie de acontecimientos que pondrían en peligro a Adriana y a su hijo por nacer.

En marzo de 1988, las fuertes tormentas en el área de Buenos Aires causaron que el contaminado río que pasaba frente a la improvisada casa de Agüero-Del Castillo se desbordara. La familia sorteó la inundación inicial -con el agua llegando a la altura de las rodillas en el interior de la casa- al equilibrar los muebles y la cama de Adriana y Jessica en caballetes.
Dos semanas después, las tormentas regresaron y, a pesar de sus temores de que la casa vacía sería saqueada, la joven familia no tuvo más remedio que evacuarse cuando los niveles de agua llegaban a un metro. Veinticuatro personas murieron y otras 57 mil, entre ellas los Agüero-Del Castillo, fueron trasladadas a una zona segura como resultado de las inundaciones.

Como miles de compañeros evacuados, Leonel, Adriana y Jessica pasaron dos semanas durmiendo en colchones en el piso de una escuela religiosa antes de que se les permitiera volver a casa. Como temían, había sido saqueada.
Casi tan pronto como la vida volvía a la normalidad, Adriana rompió aguas con apenas seis meses y medio de embarazo. El hospital local estaba mal equipado para lidiar con tales escenarios, lo que significaba un arduo viaje de tres horas hacia Buenos Aires.

Después de tomar dos autobuses y un tren, las enfermeras del Hospital Piñero informaron a Adriana que debía tratar de alargar el embarazo durante el mayor tiempo posible descansando en la sala de maternidad. Habiendo esperado inicialmente quedarse por unos días, Adriana permaneció acostada en la cama durante casi dos meses, sin más pacientes como compañía y sólo un patio vacío para mirar desde su ventana.

Leonel, equilibrando el trabajo, el fútbol y cuidando de Jessica, la visitó a menudo, pero Adriana pasó la mayor parte de esos dos meses llorando y sola. Ni siquiera se le permitía caminar por su propia habitación, por lo que pasó gran parte de su tiempo hablando con enfermeras y leyendo revistas de maternidad, convirtiéndose en una experta en métodos de parto y bebés recién nacidos.

Después de haber cumplido 18 años mientras estaba en el hospital, fue dada de alta dos semanas antes de su fecha esperada de parto original. A los pocos días, entró en trabajo de parto y tuvo que repetir el viaje de tres horas de regreso, esta vez caminando los últimos 300 metros por una empinada colina y un tramo de escaleras.

Casi tan pronto como se le dio una cama, un médico le informó que el bebé estaba atascado y que sería incapaz de dar a luz a menos que se tomara acción. Sugirió que se usara una pinza para cambiar su posición, pero después de haber leído los libros de maternidad y hablado con otras madres durante su tiempo anterior en el pabellón, Adriana se negó; ella creía que los bebés parecían aplastados. Se le informó que la única alternativa era realizar una episiotomía sobre ella y fracturar la clavícula de su hijo. Luego de que se le asegurara que el bebé no sufriría ningún daño permanente, decidió ir con este procedimiento, mucho más doloroso.

Credit: Born to Rise, My Story

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Momentos después, nacía Sergio Leonel Agüero.

El médico, tras realizar un chequeo de rutina, le dijo a Adriana: "este niño nació con un pan bajo el brazo", un viejo dicho que significa que el bebé traería suerte a la familia.

Cuánta razón tenía.

Los primeros años de Sergio están llenos de coincidencias y rarezas del destino que hicieron que una carrera al más alto nivel pareciera inevitable. Por ejemplo, cuando su familia se veía forzada a trasladarse a casa después de su nacimiento (primero por robo, luego por extorsión), siempre terminaba junto a un potrero, los campos que marcarían indeleblemente la vida del niño.

Fue en la segunda casa de Sergio, en Florencio Varela, donde experimentó por primera vez la vida en el potrero, acompañando a Leonel a sus partidos, y siendo aún un niño aprendió el colorido lenguaje que puede escuchar en el calor de la batalla.

Fue también en Florencio Varela donde le fue otorgado su famoso apodo. Leonel había logrado reunir suficiente dinero para una televisión de 14 pulgadas y, aunque necesitaba una antena hecha de una papa y dos agujas de tejer para recoger cualquier canal, permitió al menos a Sergio ver repeticiones sin fin de “Wanpaku Omukashi Kumu Kumu”, un dibujo japonés sobre una familia de la Edad de Piedra cuyo hijo corría en medio de las montañas y bosques locales. El joven fue cautivado, tal vez asegurando que sus primeros intentos de formar palabras sonaran como 'koo' o 'kum'. Fue un vecino, Jorge Chetti, uno de los primeros amigos de los Agüero-Del Castillo en Buenos Aires, quien insiste en que fue el primero en llamar al chico 'Kun'.

Dibujo animado japonés 'Wanpaku Omukashi Kumu Kumu’

Dibujo animado japonés 'Wanpaku Omukashi Kumu Kumu’

Aunque los Chetti se quedaron atrás cuando la familia se trasladó a Los Eucaliptus, el apodo pegó, y el nuevo potrero, con una bandera de córner exactamente a un metro de su puerta principal, comenzó a dar forma a la vida de Kun.

La casa de Agüero en Los Eucaliptus, a un metro del banderín de córner del potrero (Credit: Daniel Frescó)

"Lo que más recuerdo de mi infancia es que frente a mi casa había un campo de fútbol y desde que tenía cinco años todos los días estaría ahí jugando con la pelota",

dijo Sergio Agüero a Goal
Agüero con su buen amigo Emiliano Molina y el ex arquero de Colombia Faryd Mondragón en 1998.Credit: Born to Rise, My Story

Agüero con su buen amigo Emiliano Molina y el ex arquero de Colombia Faryd Mondragón en 1998.

Credit: Born to Rise, My Story

De hecho, fue alrededor de los cinco años de edad que Sergio empezó a jugar al fútbol por dinero, al igual que su padre. A pesar de que los premios equivalían a sólo un peso, el joven pronto se dio cuenta de que era lo suficientemente bueno para llevarse la recompensa, ya fuera marcando los ocho goles necesarios o venciendo a los mayores en competiciones de penaltis gracias a su ya poderoso disparo. Los pequeños cartones de jugo que compraría con las ganancias eran suficientes para mantenerlo lejos de 'Kumu Kumu' y Dragon Ball Z en la TV.

Y fue mientras estaba con Leonel en los torneos sobre el potrero que se aseguró sus primeras oportunidades para unirse a un club. Dos veces durante los juegos improvisados ​​con amigos fue descubierto por visores de juveniles.

Fue bajo la dirección de Jorge Ariza, casualmente el hombre que había hecho el pastel para su cuarto cumpleaños, que dio sus primeros pasos serios hacia una carrera en el fútbol, con Primero de Mayo.

Durante los siguientes años jugaría entre cuatro y seis juegos para diferentes clubes cada fin de semana, lo que significó que Leonel tuvo que tomar la difícil decisión de abandonar su propia carrera rentable a la edad de 27.

"Mi padre hizo muchos sacrificios", dice Agüero. "Yo tenía sólo seis o siete años y se dedicó a llevarme a los clubes y áreas diferentes hasta que fui a Independiente a la edad de ocho años.

"Él siempre me acompañó y obviamente estoy extremadamente agradecido con él. Hay un montón de niños que tienen que ir por su cuenta y al final tienen que parar porque estos lugares están muy lejos".

"Mi madre era más estricta. Mi padre era el que me llevaba a jugar al fútbol, pero mi madre me decía: 'Si no estudias, no juegas'".

Sergio rápidamente se forjó un nombre en algunas de las ligas y las competiciones juveniles más prestigiosas en Argentina; en las que verlo anotar cuatro, cinco o seis goles en un juego se convirtió en una cosa común, pero su sonrisa infecciosa aseguraba que incluso los padres de los chicos a los que estaba eclipsando, en su propio equipo o del rival, quedaran fascinados.

Sergio with youth side Loma Alegre in 1993.Credit: Born to Rise, My Story

Sergio with youth side Loma Alegre in 1993.

Credit: Born to Rise, My Story

Sergio con el equipo juvenil Loma Alegre en 1993.
Bajito y corpulento, pero pese a ello increíblemente rápido, Kun ganaría juegos por sí mismo, driblando a innumerables oponentes antes de lograr el remate perfecto. Los entrenadores también se dieron cuenta de que desde una edad temprana era suficientemente astuto - y confiado - para ordenar a sus compañeros de equipo. Respaldado por su compañero en la delantera, Cristian Formiga, y por el portero Emiliano Molina, que tenía un increíblemente largo saque de meta, los equipos de Agüero rara vez perdían.

No es que él admita haberse permitido soñar en grande: "Sólo pensaba en jugar al fútbol. Me gustaba ver la televisión y ver equipos de Primera y lo único que decía era 'quiero estar allí'. Nada más. No pensaba en Europa, en ningún club grande. Nunca pude imaginarlo, sólo quería jugar y hacerlo en un equipo de la Primera División Argentina".

Con la camiseta No.10 del equipo juvenil de Independiente.Credit: Born to Rise, My Story

Con la camiseta No.10 del equipo juvenil de Independiente.

Credit: Born to Rise, My Story

Podría haber logrado ese sueño con cualquier equipo en su país. Lanús y Quilmes se lo perdieron porque los Agüero-Del Castillo, que en ese momento ya tenían siete hijos, no podían permitirse convertirse en miembros del club, una parte obligatoria de las negociaciones.
Parece como destino que terminara en Independiente. El Rojo permitía a los jóvenes jugar para sus equipos juveniles sin convertirse en miembro, y aunque Leonel consideró que las ofertas de clubes como Boca Juniors y River Plate no eran lo mejor para el interés de la familia, un prominente empresario argentino, que ya había invertido en un prospecto de Independiente, fue avisado de los talentos de Kun.
Samuel Liberman y su abogado, José María Astarloa, ya habían adquirido una participación en un joven de 17 años, Diego Forlán, y fueron persuadidos de arriesgarse con un chico que aún no había cumplido 10.

Aquel doctor del Hospital Piñero había tenido razón; la familia ya se beneficiaba de los talentos de su primer hijo; a cambio del 100 por ciento de los derechos económicos de Sergio para los siguientes 10 años, Liberman compró a los Agüero-Del Castillo una mejor casa, inscribió a Sergio en una escuela privada, proveyó ropa y comida y proporcionó pagos mensuales regulares a la familia.

Sergio (en el centro, al frente) con sus compañeros de equipo de Independiente.Credit: Born to Rise, My Story

Sergio (en el centro, al frente) con sus compañeros de equipo de Independiente.

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Sus primeros años en Independiente no siempre fueron fáciles. Sólo la dedicación de varios entrenadores juveniles y el trabajo a tiempo parcial de Leonel como utilero aseguraron que no se desvaneciera en las disputas del vestuario, pero no pasó mucho tiempo antes de conseguir una oportunidad de jugar en la casa del primer equipo, el estadio Doble Visera.

El equipo de su categoría de edad se enfrentó a los grandes rivales, Racing Club, como el acto preliminar de un partido de estrellas para caridad, y una vez más tomó el centro del escenario, logró y convirtió un penalti para darle a su equipo una victoria por 1-0.

Sergio tenía sólo 11 años, pero ya había dado grandes pasos hacia la realización de su sueño de jugar en la Primera División, y lo había hecho a una edad más joven que cualquiera en la historia.

Próximamente, la segunda parte.