El Cooling Break se alía con la Real Sociedad ante el Celta
Derrota viguesa en el debut de Juan Carlos Unzué que mereció mejor suerte, pero que no supo afrontar el descanso obligado por las altas temperaturas.

El partido fue precioso y tuvo de todo. Respondió con holgura a lo que prometía el fútbol de autor de sus dos entrenadores. Juan Carlos Unzué no tuvo un primer partido feliz como entrenador del Celta. Se lo aguó Eusebio Sacristán que fue más “listo”. Supo leer mejor el esfuerzo físico derrochado en un encuentro que pasará a la historia por ser el primero de nuestra competición que se detiene dos veces, uno en la primera mitad y otro en la segunda, debido a las altas temperaturas

El Celta estaba volcado sobre la portería de una Real Sociedad noqueada tras el gol encajado. De repente, y como caído del cielo, llegó el parón obligado por las altas temperaturas. Algo nuevo en la Liga Española. En los mentideros futbolísticos siempre se ha dicho que, cuando un equipo atraviesa una mala fase de juego, el entrenador de turno “daría una mano” para pedir un tiempo muerto. Era el minuto 27 y llegó. Refrescos, correcciones y pitada del público en desacuerdo con la norma.

A continuación, llegó el tanto de la Real Sociedad. Pero no fue porque la Real Sociedad cambiase enteros tras el breve descanso. Tampoco porque el Celta cejase en su empeño de buscar el segundo. Fue Sergio Álvarez el que le regaló a Mikel Oyarzábal, un futbolista que solo anota en campos determinados (y Balaídos es uno de ellos) para no perdonar y delatar al “Gato de Catoira”. 1-1.

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Hasta entonces, el dueño del partido era el Celta. La alegría de los de Juan Carlos Unzué superaba la mayor rectitud de los de Eusebio. El fútbol de autor made in Masía de ambos entrenadores se mostró en los primeros diez minutos de tanteo. Después, Los futbolistas celestes se animaron para demostrar a su nuevo técnico que no se había equivocado con ellos.

Iago Aspas se asoció con Wass por la derecha para volver loco a Kevin y a quien cayera por ahí. Por ese costado llegaron dos oportunidades calcadas. Desde el vértice, zapatazo desde la izquierda del de Moaña. La primera fuera, en la segunda encontró a Rulli en cuyo rechace se pidió penalti de Aritz Elustondo sobre Maxi Gómez. Entremedias, forzado, no supo concretar dentro del área. En un principio, la Real pareció aguantar este ritmo pero lo más destacable fue un pase atrás de Odriozola que no encontró a nadie.

Tanto fue el cántaro a la fuente que acabó derramándose. Y lo hizo con una combinación colectiva genial de la parcela ofensiva gallega.  Iago Aspas se vino al centro en la medular para abrir hacia Pione Sisto, un hombre diseñado para vivir en la cal y pegar centros. El de Kampala se la colocó hacia su pierna buena, la derecha, para efectuar el servicio en el segundo palo. Ahí Wass ganaba el duelo aéreo a su par para dejar el balón suelto. Entonces de espaldas, y con un gran gesto técnico, Maxi Gómez batía a Gerónimo Rulli para acreditar su fichaje y estrenarse ante su público en la Liga Española.

Sin tiempo para el respiro otra vez la sociedad Wass – Iago Aspas causaría estragos para hacer buena la incorporación de Hugo Mallo, cuyo toquecito anticipándose al meta al realista no encontró de milagro los tres palos. Era un vendaval, la Real Sociedad necesitaba un tiempo muerto y lo tuvo. Estaba claro que lo necesitaba y tiró de efectividad para darlo por bueno.

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El tanto de Oyarzabal mató la primera parte. Pero no al Celta que, desde el silbido de Mateu Lahoz, se marchó desbocado al ataque en pos de recuperar el juego del primer periodo y, sobre todo, para volver a comandar el marcador. En esta ocasión tardó menos en marcar que en los primeros 45 minutos. Si en el primer gol necesitó tres ocasiones previas, en el segundo solo Iago Aspas avisaría tras una buena cabalgada de Hugo Mallo. En el saque de esquina posterior, en una acción de libro, Cabral se adelantaba a su defensa en el primer palo para que Maxi Gómez se convirtiera en el primer fichaje del Celta en este Siglo XXI que debutaba con doblete.

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La Real Sociedad, esta vez sí, tuvo una buena reacción. Sergio Canales, a continuación, pudo empatar pero su disparo con la zurda desde la frontal se marchó lamiendo el palo. No se entendió a priori su sustitución pero sí a posteriori. El Celta, por su parte, controlaba el tempo del partido a pesar de los sustos de su portero cuya tarde nerviosa proseguía su curso. Incluso pudo incrementar su cuenta después de un gran disparo escorado de Pione Sisto.

Pero llegó el Cooling Break y la locura. Cambió todo. Eusebio por supuesto que sacó al tercer delantero (Juanmi). Por cambiar lo hizo hasta Sergio Álvarez que respondió felinamente a un gran remate lejano de Illarramendi. Fue un aviso. Con el Celta perdido por sus cambios defensivos y con Juan Carlos Unzué dando entradas a debutantes sin que ninguno de ellos fuera delantero. La Real Sociedad convirtió el segundo gol en una jugada maestra colectiva que terminó William José, excelso en la movilidad, filtrando un pase interior impresionante en el que Juanmi definió con sutileza. Otra vez Juanmi. Otra vez una locura de final.

Y la locura se convirtió en caos. Así lo propuso Eusebio con la entrada del cuarto punta (Agirretxe). El Celta no sabía dónde estaba. Sobre todo Jonny. El pretendido por el Sevilla falló en un control en la frontal. Se anticipó Carlos Vela, que vio la oportunidad de tirarse. Mateu Lahoz metió dentro el supuesto derribo y William José puso la guinda a su gran tarde. 2-3 como el año pasado, como el resultado que le clasificó a Europa ante un Celta cariocantecido por los acontecimientos al ver como un partido ganado y bien jugado era remontado por una Real Sociedad de Eusebio que leyó mejor el factor descanso y que le dio la bienvenida a Unzué con una lección táctica y revulsiva extraordinaria.

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