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Andres Iniesta Barcelona 2017-18Getty Images

Llega la hora de redibujar al Barcelona


EDITORIAL

La fiesta debe seguir también sin Andrés Iniesta, que se despidió del Camp Nou levantando la séptima Liga en diez años y consagrado como el jugador más laureado de la historia del Barcelona. Sin embargo, mientras Leo Messi vista esta camiseta el cuadro catalán seguirá siendo favorito a todo. O debería seguir siéndolo.

Porque aunque el manchego sea "un jugador irrepetible" tal y como le definió el viernes Xavi Hernàndez lo cierto es que en un club como el Barcelona no hay casi nadie imprescindible, porque el rosarino come en una mesa al margen. El pasado verano, sin ir más lejos, se marchó Neymar Da Silva y el equipo ha sabido reconstruirse y cerrar una buena temporada.

En 2015 también se marchó el propio Xavi y el Barcelona ha seguido acumulando campeonatos. Un año más tarde lo hizo Dani Alves. Antes, en 2014, fueron Carles Puyol y Víctor Valdés los que dijeron adiós y el pasado invierno también Javier Mascherano se despidió del Camp Nou. Excepto en el caso del brasileño todos se fueron para no lastrar al equipo en el ocaso de su carrera y a pesar de que a Iniesta "todavía le queda mucho fútbol que ofrecer" según el presidente Josep Maria Bartomeu la exigencia que se autoimpone el manchego le ha llevado a tomar la decisión de irse.

Llega, pues, el momento de redibujar el juego del equipo después de no haber conseguido atar a Marco Verratti hace un año y de la llegada de Philippe Coutinho, el jugador que resolvió el choque frente a la Real Sociedad con un golazo desde la distancia. Las miradas se arremolinan a su alrededor pensando en el mejor candidato para ocupar el interior izquierdo a pesar de que hasta el 4-3-3 puede estar bajo discusión sin la presencia de Iniesta. "Lo principal es encontrar nuevos equilibrios" insiste Valverde y ello puede suponer el carpetazo definitivo a lo que Frank Rijkaard empezó en 2003 y Pep Guardiola sublimó a partir de 2008.

Pero mientras Messi viva habrá un gran Barcelona. Cumplirá los 31 años dentro de un mes. Se acostumbró a vivir sin zagueros de la talla de Puyol y Javier Mascherano, perdió socios irremplazables como Xavi, Neymar y Alves, pero sigue cargándose al equipo a sus espaldas. El año que viene volverá a ser así. Y si Coutinho no consigue hacerse con el control del timón del equipo será él quien lo haga. 

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