Antes del triunfo en la temporada pasada, Leo Messi tenía diecinueve años la última vez que el Barcelona ganó en Anoeta. Aquel 5 de mayo de 2007, el rosarino era titular en el equipo de Ronaldinho Gaucho, que sirvió las asistencias para que Andrés Iniesta y Samuel Eto'o lograran la victoria del Barcelona a domicilio de la Real Sociedad. En enero de 2018 llegaría una más (2-4) en un campo que estuvo maldito durante 11 años para los culés por Liga.
"Encontré a Messi llorando como un nene que perdió a la madre"
Desde ese 2007, el cuadro donostiarra había ganado en cinco ocasiones y apenas había concedido dos empates en partidos de Liga, sin olvidar que, en enero de 2015, Luis Enrique Martínez desató la mayor tormenta de su ciclo atreviéndose a sentar al argentino en el banquillo para luego ver cómo sus titulares perdían ante el equipo 'txuri urdin'. Ello no hizo más que aumentar el enojo de un Messi que no acudió a entrenar el día siguiente y que requirió la intervención de los capitanes, Xavi Hernàndez e Iniesta, para lograr suavizar la postura del técnico asturiano.
El juego del Barcelona había sido errático hasta entonces, así como sus resultados. Pero Anoeta fue un punto de inflexión, el momento en el que Messi y el entrenador acabaron de entenderse después de que Luis Enrique asumiera de que no podía tratar al '10' como si fuera uno más y el Barcelona ganó el triplete. Al barcelonismo se le hace la boca agua pensando en ello. Este sábado, visitará el estadio en el que forjó el segundo triplete de su historia.
