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Los tres futbolistas han aparecido como protagonistas principales en una temporada que debe llevar al cuadro blanquiazul de regreso a la Liga BBVA

La victoria de anoche frente al Huesca devolvió al Deportivo de La Coruña a Primera División tras una temporada en el infierno. Y lo hace con buenos números, mucha confianza y jugadores que, con su rendimiento, han hecho posible que el doloroso viaje apenas dure unos meses.

Se trata de jugadores cuyos nombres no se corresponden -al menos no deberían- con la división de Plata. Andrés Guardado, Juan Carlos Valerón y Lassad. Dejando a un lado al crack canario, al que analizaremos detenidamente después, podemos decir que el mexicano, con sus desbordes y su verticalidad, y Lassad, aprovechando cada minuto que ha tenido, se han convertido en piezas fundamentales de un equipo confeccionado para el ascenso más inmediato.

Aún así, el nombre propio es el de Juan Carlos Valerón. Es el baremo emocional del Deportivo de la Coruña. Así lo ha sido desde la retirada de tótems como Fran o Mauro Silva, artífices de la obra más colosal de la historia del club. El curso pasado, Valerón se convirtió, de manera indirecta, en la bandera de las críticas contra Lotina, que repudió en muchos tramos del campeonato al mago de Arguineguin, uno de los mayores talentos naturales que ha ofrecido el fútbol español en los últimos veinte años. Sus lágrimas tras el descenso fueron las de todo el deportivismo. Este año, el ascenso sonríe a golpe de Valerón.

El Deportivo regresa a Primera con una firmeza superlativa. Asentado en la inspiración futbolística y anímica de Valerón y apoyado sobre el talento de jugadores fuera del catálogo de la Liga Adelante, como son Andrés Guardado, Lassad y Riki. El club coruñés realizó el esfuerzo de mantener a estos tres futbolistas, que se han combinado para 38 goles. Más de la mitad del total registrado por el equipo de José Luis Oltra.

Es el técnico valenciano uno de los secretos mejor escondidos de este Deportivo. Oltra ha desmentido punto por punto a Lotina, quien siempre se respaldó en la endeblez física de Valerón para justificar sus reiteradas ausencias el año pasado. Con Oltra, Valerón ha participado en los 41 partidos del curso, disputando cerca de 3.000 minutos. Una cifra que casi triplica sus números del año pasado en cuanto a minutaje. El tiempo, soberano, desnuda a Lotina, un entrenador que nunca ha alcanzado ni de lejos a apreciar a jugadores como Valerón. Así le va.


La presencia de Valerón ahí fuera ha tenido efectos espléndidos para el Deportivo. La capacidad de arrastre de este líder silencioso ha repercutido en todo el equipo, que desde el primer día se adaptó con una solvencia atípica a la Segunda División. El canario ha jugado y hecho jugar. Veintidós asistencias y cinco goles ilustran la omnipotencia de Valerón en el próximo ascenso del Depor.

También influye la naturaleza de sus delanteros, más determinantes un escalón por debajo. La temporada pasada, la falta de gol penalizó hasta la muerte al Deportivo. Este curso, hasta tres futbolistas acreditan dobles figuras de cara a portería. Lassad (14), Guardado (14) y Riki (12). Adrián, con siete dianas, fue el máximo goleador en un año que terminó con los huesos del Deportivo en Segunda.

El paso por la Liga Adelante ha sido una travesía refrescante para el Deportivo, que este año ha registrado la mejor cifra de abonados de los últimos años. Es un ascenso con un cariz revitalizante. El que personifica, por encima de todos, Juan Carlos Valerón. “Ojala siga un año más”, suplicaba Oltra. La Primera y Valerón se deben despedir con todos los honores. Tócala otra vez Mago.

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