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El encuentro ante el Albacete sirvió para ver el divorcio que existe entre jugadores, cuerpo técnico, directiva y afición. Pese a la remontada (levantaron un 1-3), se escucharon insultos a los futbolistas y peticiones de dimisión para más de uno. ¿Es para tanto? ¿No era la del Cádiz una afición ejemplar?

Por Alfonso Loaiza.-

El domingo cuando más muerto parecía, el Cádiz supo vencer a su putrefacción. El estadio Carranza era un clamor ante directiva, jugadores y cuerpo técnico. Nunca antes se había escuchado un grito tan ensordecedor contra nuestros propios jugadores. Y el "Estamos hasta los huevos" y el "Muñoz vete ya" se cantaba a coro por toda la afición. No era para menos, el Albacete ganaba el encuentro 1-3 con relativa facilidad.

Muchos cadistas se marcharon de sus asientos -yo entre esa desilusionada muchedumbre- buscando la salida cuanto antes para evitar las aglomeraciones y atascos de tráfico en los aledaños próximos al Carranza. Porque bien atascado creíamos a nuestro Cádiz, con una defensa de chirigota, un centro del campo que no da dos pases seguidos y una delantera con la pólvora mojada, remontar era un auténtica utopía.

Los que nos fuimos ya sólo pensábamos en el retorno a nuestros hogares, perdimos la calma, el Cádiz era un caso perdido. No queríamos ver in situ la putrefacción del equipo de nuestros amores. Realmente todos los allí congregados perdieron la calma: colegiado arbitral, jugadores, afición y directiva, todos menos uno, Víctor Espárrago que introdujo los cambios precisos a tiempo para cambiar la cara al partido. Tristán, López Silva y Bogunovic de revulsivos. Los que nos fuimos era lo que deseábamos antes de irnos.

Los que nos fuimos no vimos la reacción a base de empuje, rabia y fe del submarino amarillo. Los que nos fuimos no vimos el último gol de Fragoso, el 4-3. Los que nos fuimos, nos lo perdimos. Preferimos ser honestos con nuestros principios. Los insultos se apoderaron del estadio. Fue lamentable. Pasé vergüenza. Si para motivar a un jugador hay que llamarle hijo de su madre, no volveré al estadio.

El Cádiz salvó 3 puntos de oro y su putrefacción. Los jugadores vencieron esta vez no gracias a la afición, sino a pesar. Esta no puede ser la receta para curar las heridas de nuestro equipo. Kiko Casilla salió llorando. Ese mismo Kiko Casilla que nos sacó del pozo con sus intervenciones en Irún. Ánimo Kiko. No te lo mereces. Casillas con s hubiera podido hacer poco más.Toma el ejemplo de Enrique, el más criticado por los cadistas, que ha dado la vuelta a la tortilla y está en plena forma. Los que nos fuimos nos lo perdimos, pero en parte acertamos. Hay que hacer autocrítica.

Antes teníamos equipo de Segunda B y éramos una afición de Primera, ahora mismo empiezo a dudarlo. El insulto no lleva a ninguna parte. Y el centenario está a la vuelta de la esquina.

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