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Alfonso Loaiza nos ofrece una más que interesante visión del auténtico Submarino Amarillo del fútbol español, aunque le duela al Villarreal. Sueños y desventuras son sinónimo de Cádiz, de un Cádiz que merece jugar en Primera División. En Goal.com nos gustan las causas perdidas y, como nadie, damos espacio a los que se merecen.

Por Alfonso Loaiza.- 

En la Tacita de Plata, en Cádiz, somos exageraos, transitamos por los extremos que no es de discretos, de ahí que animemos a Diego Tristán con un cariño inusitado. Porque somos especiales, ha tenido una gran e inmediata acogida el que fuera gran delantero del Depor de Irureta sin demostrar en Carranza su entera disposición y calidad -por ahora- ,pero fraterniza con la grada como Oli, Pavoni o Toedtli y pronto marcará diferencias con el apoyo y el amparo del mejor jugador cadista, el jugador número 12, la alegre y extraordinaria afición gaditana.

En los 80' el equipo que conformaban los hermanos Mejías, el gran Mágico González, Carmelo, Husillos o José González, comenzó a fraguar una leyenda: la de un conjunto desahuciado que resurgía del fondo de la clasificación para emerger en las últimas jornadas y mantenerse en Primera División, de aquí el calificativo de Submario Amarillo, el único y real de toda España, a pesar del Villarreal.

Hemos conseguido el respeto de toda España, sin importarnos que nuca vayamos a ser campeones, por esos colores: amarillo de nuestro sol y azul de nuestro mar. En esta tierra, repito, somos desmesurados, pero nunca seremos decaídos y desanimados: haber estado en El pozo de la Segunda B sería sinónimo de depresión para cualquier hinchada pero este Cadi es diferente y como atrona nuestro himno oficioso Me han dicho que el amarillo; aunque reciben a cambio todo un calvario de decepciones de amarillo se pintan la cara, de amarillo son sus corazones y han dado su vida y su garganta siguiendo a donde haga falta al Cadi de sus amores.

El aspecto y el paisaje de la Segunda es maravilloso para el que aparece tras el ostracismo del pozo de la Segunda B, pero poco fascinante y ordinario para los que vuelven desde la Liga de las estrellas.

Así vemos a equipos como la Real Sociedad o el Celta de Vigo meláncolicos por la reminiscencia y el recuerdo hacia tiempos mejores que esperan, pronto retomen. La Segunda es un paso limítrofe entre la tierra del abismo y de la cumbre; una divisoria entre el Infierno y el Paraíso.

Los gaditanos volvemos a esa frontera, habrá que desechar todo lo relacionado con el descenso de hace dos temporadas y retomar, repasar y aprender del buen hacer de aquel equipo de Víctor Esparrago que ascendió en Jerez al lugar donde nos corresponde por afición, a Primera el año del Centenario, porque por lo que ataña al plantel plantea muchas dudas e incertidumbre con fallos defensivos espantosos, pero sólamente suspiro que sea una mera apreciación de otro desmesurado gaditano que ayer gozaba con las paradas de Kiko Casilla y hoy arremete contra el portero, aquél que con sus intervenciones en Irún nos llevó a la Segunda División, a la puerta fronteriza de la Liga de las Estrellas donde tarde o temprano el Submarino Amarillo terminará por abordar y echar anclas.

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