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La brújula sigue apuntando rumbo al Norte, zona que anexó a un equipo al atlas balompédico del país al establecer un logro sin precedentes.

¡Abran paso al nuevo e histórico campeón, Xoloitzcuintles de Tijuana! El equipo capaz de pasar a pelear por mantener la categoría a clasificarse holgadamente a dos torneos internacionales (las siguientes ediciones de la Copa Libertadores y Concacaf Liga de Campeones) y, por qué no, dar la vuelta olímpica en un solo semestre.

Hoy se marca un antes y un después en México. De aquí en adelante, ningún recién ascendido deberá ser mirado hacia abajo. Viendo a futuro, le convendría recoger el testigo a escuadras inmersas en problemáticas del estilo: Gallos Blancos, Atlas y La Piedad (si es que sube finalmente o el que lo haga) o cualquiera que piense en pasar de las casualidades a las causalidades propias de la planificación concienzuda.

Por supuesto que el poseer a una familia acaudalada como los Hank ayuda (también pregúntenle a León con los Martínez), pero a nivel mundial está comprobado que el dinero no gana títulos, si acaso solo los acerca hipotéticamente. No, el mayor mérito de los fronterizos ha sido creer en un proyecto, conservarlo, imprimirle continuidad cuando se dudaba de la vialidad de los jugadores y el cuerpo técnico.

Aprendieron además de los errores. La etapa de ensayo-error tenía que llegarles en algún momento. Para su fortuna ocurrió al inicio, fase en la que aún se cuenta con un margen de mejoría en cuanto a tiempo y, por ende, resultados, pese al factor tabla de cocientes que,  para ese entonces, jugaba en su contra.

El desacierto de Joaquín del Olmo se compensó con creces gracias a la contratación de Antonio Mohamed, un técnico que hasta antes de la consecución de la Copa Sudamericana 2010 junto a su natal Independiente, nunca había ganado nada en Primera División a lo largo de nueve años de carrera como timonel.

La directiva también acertó en depositar en él buena parte de las decisiones deportivas, llámese contrataciones. Supo voltear desde el mercado nacional como el extranjero, fuese su país de origen, Argentina (el desconocido Hernán Pellerano), o Ecuador (Fidel Martínez y Deportivo Quito).

Encima, el Estadio Caliente lo transformó de una sucursal fría, contraria a su nombre, a una fortaleza casi inexpugnable, ardiente como su afición y el pasto sintético. A diferencia de Chivas, que prefirió el natural en el Omnilife por órdenes directas de un extranjero como Johan Cruyff, acá sí hubo un elenco que se mimetizó con su entorno y le sacó provecho a una condición única de su campo. Le costó, aunque al final lo convirtió en handicap para los visitantes.

Historias de cuadros que se marearon con los éxitos repentinos o sus 90 minutos de fama, en este deporte sobran. Mas los “Caninos” aparentemente lograrán ser una excepción a la regla, al margen de cómo les vaya en Libertadores o la exConcachampions. En Tijuana seguramente hay Xolo y “Turco” para rato. Los preocupados que sean los demás inquilinos de la Primera porque este, en efecto, es y será por bastante un equipo de primera.

 

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