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Nuestro particular columnista analiza a su manera la final de la Champions League

Desde las gloriosas épocas de Drenthe y Cassano, Madrid no vivía una resaca como la del domingo pasado. Resaca dulce para algunos, horrible para otros. Y es que la final de Champions dividió a la capital entre felices y tristes, vencedores y vencidos, Guardiolas y Tatas Martino. Cuando han pasado unos días es el mejor momento de analizar el partido, puesto que en caliente se dicen más tonterías y no se es tan objetivo (tertulianos del mundo, a ver si leéis esta frase y os lo aplicáis). Así que vamos allá.

Empezaremos por el Atlético. Si bien salieron derrotados, la temporada de los colchoneros, en una escala de Lotina a 10 es de 10. Simeone ha rediseñado el mítico concepto de los dos cojones con eufemismos del tipo partido a partido, y es verdaderamente notable lo que ha logrado. Un equipo sólido, rocoso en defensa y letal en ataque, que muy cerca ha estado de hacerse con un doblete histórico. Eso sí, hay que darle un tirón de orejas al Cholo y a Diego Costa: si uno está lesionado, es ridículo jugar 5 minutos e irse a los vestuarios. Que tomen ejemplo del Rey, que se lesionó allá por 1975 y desde entonces no ha vuelto a trabajar por precaución (además de la dramática recaída de su lesión mientras “cazaba elefantes”, menudo crack). Dos minutos separaron de la gloria a los rojiblancos, hasta el córner fatídico (para ellos).

Mucho se ha hablado siempre de lo poco que usa la cabeza Sergio Ramos, pero el sábado cerró bocas a mucha gente. La usó para impactar un balón, sí, pero tampoco podemos pedir que de un día para otro nos haga un análisis de la teoría de la relatividad y sus posibles aplicaciones en la física cuántica. Ese cabezazo llevó a la prórroga, donde el Real Madrid fue muy superior al Atleti. Los goles de Bale, Marcelo y Cristiano condujeron la ansiada Décima hacia el Bernabéu para disfrute de los merengues, que empezaban a creer que era un mito como los unicornios, Harry Potter o los políticos honestos. De Cristiano quiero apuntar que su numerito final sobró. En primer lugar, eso ya lo hizo Balotelli; en segundo lugar, no celebrar el gol de Ramos y celebrar el cuarto gol en el minuto 120 denota que tiene un ego más grande que la Siberia septentrional; y en tercer lugar, con su exhibición de músculos ha provocado que miles de chavales abandonen las aulas por los gimnasios y la MTV ha decidido grabar la segunda temporada de Gandía Shore. Dramático.

En fin amigos, fue una final de Champions muy entretenida, que la ganó quien la mereció más sobre el terreno de juego. Ahora bien, mención de honor a la afición del Atleti y el apoyo incondicional a sus jugadores tras el pitido final. Ahora ya solo queda esperar a la edición del año que viene, donde otro equipo rojiblanco también querrá ser protagonista… ¡Feliz semana, amigos y amigas!

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