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Nuestro particular analista nos resume como fue el partido que sus leones jugaron ante el Barcelona en el que cayeron 2-1

El fútbol, como el sexo, visto por la televisión está bien, pero en directo es incluso mejor (no hablemos ya de participar… pero ese es otra tema). Así que el pasado domingo, enfundado en mi camiseta rojiblanca, fui al Camp Nou a presenciar el BarçaAthletic. Ahí van mis impresiones de un bonito duelo con mejores pitadas (¡spoiler!).

Lo primero que hay que decir es que en el campo había guiris por todos lados. Suecos, ingleses, australianos, indios, alemanes, americanos, japoneses… en ocasiones no sabía si estaba en el Camp Nou o en el metro de Nueva York. Es lo que tienen las vacaciones en Barcelona, invasión asegurada de turistas que gritan “¡Olé, olé!” a todo lo que se mueve. El estadio era más grande de lo que recordaba; normal teniendo en cuenta que cada dos semanas durante muchos años ha tenido que albergar los huevos de Carles Puyol, que no son precisamente pequeños. El césped bien cuidado, a lo Xavi Hernández, y los bocatas a precios desorbitados, a lo Ferran Adrià. Todo estaba listo para que el partido empezara.

Los primeros minutos fueron una buena vara de medir del estado actual de la afición culé: reverencias a Messi (aunque en los últimos partidos haya corrido menos que Falete un domingo por la tarde) y nerviosismo con el resto. Murmullos cuando Pinto tocaba el balón, gritos cuando Song lo perdía, lamentos cuando Alexis mandó al palo un balón que incluso Faubert hubiera metido dentro. El Athletic seguía a lo suyo: jugadita por la banda, moviendo el balón, de vez en cuando algún remate de chilena de Aduriz a lo Ibra que casi lleva al orgasmo a todos los leones presentes en las gradas (muchísimos, por cierto), la cagada defensiva de rigor… Un Athletic muy reconocible, que eso es bueno.

La segunda parte empezó bien. Para mí, claro. No pensaron lo mismo los 300 culés que me miraron de forma asesina cuando salté para celebrar el gol de Aduriz. No me pude reprimir, lo siento. Pero esa muestra de alegría me la harían pagar los dos amigos con los que fui a ver el partido, ambos del Barça. Los goles casi consecutivos de Pedro y Messi, por decirlo suavemente, me sentaron peor que un balonazo de Roberto Carlos en la boca. A partir de ese momento tan solo quedaba esperar el milagro, que desgraciadamente no llegó (por poco, Mikel Rico la tuvo en el descuento).

Quiero destacar el momento en que Toquero entró en el terreno de juego. Como no puede ser de otra manera, me levanté extasiado a aplaudirle. Un mito siempre es un mito y merecía ese aplauso. Vi contento como mis dos amigos y alguien más del público (con camiseta azulgrana) también se levantaron  a aplaudir su ingreso en el campo. Alegra ver que aún existe el buen rollo entre aficiones aunque no lo parezca. Es más, creo que Toquero recibió más aplausos que Cesc, cabeza de turco de la mala racha del Barça para la afición (sin ningún tipo de razón, lo de que el público es soberano yo no me lo creo).

En definitiva, fue bonito animar a mi equipo en mi ciudad. No pudimos puntuar, pero el partido realmente importante se viene el próximo domingo contra el Sevilla en San Mamés. Ojalá pudiera estar allí, pero estoy seguro que todos los presentes en la Catedral llevaran el equipo en volandas hasta la Champions. ¡Visca l’Athletic y feliz semana a todos y a todas!

PD: pronostico una final de Champions Bayern – Atleti, ahí lo dejo.

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