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Toquero The Boss: Teatro del bueno

Toquero The Boss: Teatro del bueno

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Toquero The Boss, nuestro columnista estrella, nos habla de cómo el fútbol ha pasado a ser teatro

“Messi hizo teatro del bueno’, dijo el entrañable Mourinho hace unos cuantos años tras una entrada del aún más entrañable Del Horno sobre el argentino. No sé si ese fue el caso, pero la verdad es que por norma general en el fútbol hay más teatro del que debería. Hoy, viendo un apasionante partido de curling entre Noruega y Cánada de los Juegos Olímpicos de Sochi (final de infarto con victoria noruega por 8 a 3, el crack ArvidSorensen barriendo el hielo a un nivel de Escoba de Oro), me he planteado: ¿por qué en otros deportes no se hace tanto cuento y teatro como en el fútbol? Ahí van mis reflexiones:

Tenis: En el tenis prima el modelo Nadal, a pesar de lesiones y fatigas los jugadores no se retiran de un partido ni que un apocalipsis zombi invada la pista.

Fútbol americano: Después de un placaje salvaje que te deja semi-parapléjico, en vez de quejarte lo normal es alegrarte si aún sientes las piernas. El numerito se hace cuando haces un touchdown, bordeando el ridículo si quieres, pero no antes.

Rugbi: Lo mismo de antes pero sin casco. Más mérito aún. ¿Os imagináis un neozelandés bailando la haka y luego simulando una agresión de un rival? Simplemente, no.

Hockey sobre hielo: Cómo no, los americanos aquí volvieron a demostrar que son una civilización netamente superior a la nuestra. ¿Cómo evitar que los jugadores discutan y den la vara durante todo el partido? Pues dejando que se hostien tranquilamente y una vez acaben seguir jugando. Y en estas peleas, como las del patio de colegio, tampoco hay teatro que valga. Pepe y Diego Costa en la NHL serían pasto de los tiburones.

Golf: Cuando un golfista hace un doble bogey no culpa a los árbitros (no hay), al terreno (es el mismo para todos) o al Villarato (básicamente, porque no tienen la más mínima idea de quien es Villar). Los futbolistas deberían aprender del estoicismo de los golfistas, pero prefieren aprender de la ninfomanía de Tiger Woods. Incorregibles jovenzuelos.

Skeleton: No hay huevos de ponerse las manos a la cara y pedir penalti cuando bajas a 120 kilómetros por hora por un tubo de hielo. Sí, básicamente esa es mi conclusión sobre este deporte.

Ciclismo: Después de comerte seguidos los puertos del Aubisque, el Tourmalet, elAspin y el Peyresourde, o de tragar barro a más no poder por los pavés de Flandes, no quedan fuerzas para simular. Así de simple. Cuando llevas el agotamiento al límite, las poquitas fuerzas que te quedan las usas para seguir adelante y no para quejarte. Esto es así.

Ajedrez: conociendo a algunos (periodistas) y sabiendo de lo que son capaces, no me extrañaría que si el ajedrez fuera deporte nacional hubiera comentarios del tipo “Ese peón estaba en clarísimo fuera de juego” o “El alfil debería haber sido expulsado tras esa entrada criminal al caballo”.

Sexo: Sí, también es un deporte. Y además es un deporte en el que nunca se finge. Sobre todo las mujeres. Nunca… Bueno, mejor lo dejo estar.

Formula 1: La única simulación que recuerdo en este deporte es la que le llevan haciendo varios años seguidos los mecánicos de Ferrari a Fernando Alonso, que le dicen que le dan el mejor coche cuando realmente es un triciclo pintado de rojo. Por lo demás, no hay teatro que valga en el mundillo del motor (véanse los motoristas, todos ellos con más operaciones encima que la Duquesa de Alba).

En fin señores, qué le vamos a hacer. Nos encanta el fútbol, así que tenemos que apechugar con cosas como el teatro y el cuento. Mejor nos lo miramos con buen humor, que así aún nos echamos unas risas. ¡Feliz semana, amigos y amigas!