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Llorando voy, llorando vengo

Llorando voy, llorando vengo

FIFA/screen grab

Nuestro columnista analiza las lágrimas de Cristiano Ronaldo con un peculiar enfoque

No puedo empezar el artículo de otro forma que no sea felicitando a Cristiano Ronaldo por lograr su segundo Balón de Oro. La verdad es que hace tiempo que perdí la fe en este premio, visto que jugadores como Pelé, Xavi o Drenthe nunca han ganado uno habiendo hecho méritos suficientes. Pero hay que reconocer que el portugués se lo ha currado este año (no hablo de ti Mourinho, no sonrías), y que el premio no ha sido injusto, como tampoco lo habría sido si lo hubiera ganado Messi o Ribery. Pero hay un detalle, en boca de todos estos días, que puede marcar un peligroso precedente: el llanto de Cristiano.

Como todos sabemos, vivimos en un mundo donde las modas van y vienen a velocidades vertiginosas (¿quién se acuerda ya del Harlem Shake?) y que solo es necesario que un famoso haga algo para que todo el mundo lo imite. Así que después de las lágrimas de Cristiano, temo que todo el mundo del fútbol se suma en una moda lacrimal que lo convertirá en algo más parecido a un musical de Broadway que en un deporte.

Veamos un ejemplo de cómo sería un fútbol así: Un delantero encara solo al portero y le hace una finta. El portero lo derriba dentro del área con lo que el penalti y expulsión son clarísimos. Aquí empieza el drama. El delantero llorando en el suelo al grito de “¡Mamá, pupa en la pierna!”; el árbitro con una lagrimita de pena en la mejilla mientras expulsa al portero diciéndole “Hijo mío, esto me duele más a ti que a mí”; el portero, por su parte, haciendo una pataleta en el suelo y llorando desconsolado porque él no quería hacerlo y lo castigan igual. En rueda de prensa, los dos entrenadores chillando a la vez a ver quién lo hace más fuerte y tiene la razón (bueno, al menos esto sería más entretenido que las ruedas de prensa de Bielsa); hordas de periodistas deportivos llorando en directo en la televisión, dejando una estampa similar a la de Corea del Norte cuando murió Kim Jong-il. Un desastre, señores.

Quizás este ejemplo sea exagerado, pero tampoco andamos muy lejos de ello. Cansa ver ya a decenas de futbolistas tirándose por el suelo como si les hubieran amputado una pierna cuando apenas les han rozado, o jugadores que simulan agresiones actuando peor que Elsa Pataky en “Serpientes en el avión” (peliculón, la recomiendo totalmente), o entrenadores en rueda de prensa que dicen “Yo no hablo de los árbitros, pero…”, o periodistas deportivos que han substituido los argumentos racionales de antaño por simples aullidos de fanatismo barato. Hay que recuperar la figura del futbolista a lo Clint Eastwood: un tipo duro que se limita a hacer su trabajo, a encajar golpes estoicamente, a darlos si es necesario y vuelve a casa con la satisfacción del deber cumplido. Puyol, Maldini, Toquero, Xabi Alonso, Zanetti, Gerrard, Pirlo, Scholes… ese es el modelo a seguir. Así que espero que las lágrimas de Cristiano Ronaldo (lícitas y muy respetables, ojo) se queden en una simple anécdota simpática que Roncero recordará toda su vida. Disfruten de la semana, amigos y amigas, que se presenta interesante. ¡Abrazos cibernéticos!

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