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Nuestro singular columnista analiza los sistemas de juego actuales

Estas últimas semanas estamos siendo testigo de una gran discusión futbolística alimentada por los medios de comunicación respecto al estilo de juego. En primer lugar, decir que es de agradecer que por fin se hable de cuestiones tácticas (aunque sea para dar palos al entrenador de turno) y se deje de banda el último pique de Diego Costa o el nuevo tatuaje de Sergio Ramos con la letra de una canción de Melendi.

Dicho esto, creo que debatir sobre el estilo de los equipos es un callejón sin salida, pues hoy en día el concepto primigenio de “estilo” ya no existe. Estilo tenían los Bee Gees, con esa ropa molona, sus melenas y ese falsete; estilo tenía George Best, capaz de combinar un talento futbolístico mayor que el de Messi con un talento para la fiesta y las mujeres mayor que el de Guti; estilo tenía Humphrey Bogart, capaz de decir “Tócala otra vez, Sam” y que no sonara obsceno.

¿Y si lo de hoy en día no es estilo, de que se trata? La pregunta del millón, amigos. Mi humilde opinión es que actualmente en el fútbol únicamente existe un fin, un fin que justifica los medios (citando a Maquiavelo, que se note que soy un erudito universitario). Me explico. El fútbol moderno ha perdido todo su romanticismo, se acabaron esos días de periodistas sentados junto al poste de la portería y de formaciones con 5 delanteros. Hoy, los clubes son máquinas de hacer dinero (aunque algunos tienen más deudas que Grecia), y la mejor forma de hacer dinero es ganando. Ese es su fin: ganar a cualquier precio. ¿Los medios para conseguirlo? Infinitos. Desde el tiki-taka que mata de aburrimiento al contrario hasta poner el autobús debajo de la portería y esperar a que milagrosamente el rival se meta un gol en propia puerta. Por eso yo no creo que el “estilo” de Ancelotti o del Tata Martino, por ejemplo, puedan ser cuestionados: si al final de temporada cualquiera de los dos gana Liga y Champions, los que hoy cuestionan su “estilo” estarán pidiéndoles un hijo como si de fans de Justin Bieber se trataran.

Evidentemente, siguen quedando casos aislados de jugadores y algún equipo con estilo de verdad. Por ejemplo, ver jugar juntos ayer a Xabi Alonso y a Andrea Pirlo es algo cuya elegancia es infinita; o el gol de Zidane en la final de Champions League contra el Bayer Leverkusen; o el juego del Athletic de Bielsa, tan bonito como suicida (y Falcao lo sabía); o como Del Bosque responde sutilmente a los dardos de Maradona; o la forma en que Drenthe es capaz de coger tres cubatas con una sola mano; o ver a Juan Carlos Valerón pedir disculpas acto seguido de tirarse dentro del área; o las aficiones del Cádiz y el Oviedo animando a sus equipos semana tras semana en la época más oscura de su equipo; o… bueno, quizás me he precipitado antes y gracias a Dios, el estilo sigue existiendo. Y acabaré con una frase a lo Pep Guardiola: es más recordado en la memoria colectiva un perdedor con estilo que un ganador a secas. Feliz semana a todos, amigos y amigas.

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