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La adaptación del crack brasileño a la plantilla del Barcelona está perfectamente preparada

Edu Polo
 Goal.com
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Periodista, FC Barcelona, Cadena SER

Los más escépticos con el fichaje de Neymar no dudan de su adaptación futbolística, sino de su adaptación al vestuario azulgrana y especialmente de su convivencia con Leo Messi. Incluso Johan Cruyff cuestionó en su día el hecho de que dos estrellas de su categoría puedan compartir vestuario. Pero Neymar ha llegado con una idea muy clara, Leo Messi es el número uno indiscutible y él de momento sólo quiere ser uno más dentro de la plantilla azulgrana, esquiva el trato de estrella y parece que espera ser protagonista cuando se lo gane dentro del terreno de juego.

En sus primeros días como azulgrana, hemos visto a un Neymar fuera del campo que poco tiene que ver con la imagen que nos llegaba del brasileño desde su país. Tanto en el Santos como en la selección es la máxima estrella y se comporta como tal, pero en el Barça ha adoptado un estudiado papel de actor secundario. Quiere respetar la jerarquía del vestuario azulgrana y no sólo la de Leo Messi, sino la de otros compañeros como Xavi, Iniesta, Valdés o Piqué.

Tanto en el viaje a Polonia, el Gamper y en los primeros días de la gira asiática, Neymar ha permanecido en todo momento muy prudente y en un discreto segundo plano, casi siempre escoltado por sus compatriotas Alves y Adriano. Sólo ha pasado a primera fila cuando el club se lo ha requerido, pero apenas ha tenido protagonismo en los actos oficiales. Se le ha visto atento y cariñoso con Messi siempre que ha podido y en cada declaración reitera una y otra vez que el argentino es el mejor del mundo y que él llega para ayudarle a seguir siendo el número uno. Todo muy estudiado y premeditado, con un objetivo claro, entrar con buen pie en el vestuario del Camp Nou.

Y que quede claro que el primero que está encantado con la llegada de Neymar es Leo Messi. Sabe que la presencia del brasileño les hará mejores, a él y al equipo. Aunque el argentino no tiene que bendecir ninguna llegada, ya que para eso ya están el entrenador y el director deportivo. Messi tiene peso dentro del vestuario, algo lógico y normal tratándose del mejor jugador del mundo, y lo más razonable es que tanto el técnico como el club quieran que esté feliz y a gusto en todo momento. Pero nada más, no es un monstruo ni un pequeño dictador como nos lo quieren pintar algunos. Siento chafarles la guitarra, pero Messi no decide los fichajes, no hace las alineaciones y tampoco decide si un jugador debe ser traspasado o no.

El fichaje de Neymar, por cierto, costó 57 millones de euros. Más allá del reparto de esa cantidad, recuerdo portadas de diarios generalistas escandalizadas por el coste del fichaje de un jugador del Barça en plena crisis. Parece que el Real Madrid va a pagar casi el doble para incorporar a Gareth Bale. Tengo curiosidad por ver esas mismas portadas cuando se cierre el fichaje del jugador galés por el conjunto blanco. Igual ya no es inmoral gastarse cien millones en un futbolista o igual ya se ha acabado la crisis. Todo es posible…


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