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Nuestro columnista Edu Polo analiza la animadversión del técnico luso contra todo lo que rodea al Barça

Edu Polo
 Goal.com
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Periodista, FC Barcelona, Cadena SER

José Mourinho debe pensar que somos todos tontos. O se cree más listo que nadie. Se ha pasado tres años poniendo bajo sospecha todos los triunfos del Barça, alimentando la teoría del Villarato, acusando a la UEFA de favorecer a los azulgrana e incluso hablando de una conspiración metiendo de por medio a UNICEF. Y ahora, cuando ya vislumbra su salida del Real Madrid por la puerta de atrás, resulta que el Barça es el mejor equipo de los últimos 20 años.

Sólo le ha faltado atribuirse parte del mérito de esos últimos 20 años del conjunto azulgrana, teniendo en cuenta que su palmarés como técnico del Barça es superior al que ha logrado entrenando al Real Madrid. En el Camp Nou, como ayudante de Robson y de Van Gaal, conquistó dos Ligas, una Recopa de Europa, dos Copas del Rey y una Supercopa de Europa, un botín mayor del que se va a llevar de su etapa en el Santiago Bernabéu.

El gran problema de Mourinho es su barcelonitis aguda. Años atrás, entrenar al Barça se convirtió en su gran obsesión y no conseguirlo es posiblemente la mayor frustración de su carrera como técnico. Cuando la etapa de Rijkaard tocaba a su fin y antes de que Laporta apostara por Guardiola, el portugués hizo todo lo posible para ocupar el banquillo del Camp Nou. Incluso Txiki Begiristain y Marc Ingla se desplazaron a Lisboa para hablar con Jorge Mendes, que les entregó aquel famoso ‘pen’ de memoria con todos los planes de Mourinho para dirigir el Barça. Pero Laporta rechazó el ofrecimiento, optó por mantener el estilo ‘cruyffista’ y apostó por Guardiola. El portugués nunca supo digerir aquella negativa y desde entonces su barcelonitis ha ido en aumento. No hay rueda de prensa sin una sola referencia, crítica o ataque al club azulgrana, convertido para él en una obsesión permanente.

Pero la barcelonitis parece contagiosa y no sólo la padece Mourinho. Estos días la mayoría de seguidores blancos sacan pecho y son felices tras la eliminación del Barça ante el Bayern, como si el Real Madrid no hubiera quedado también eliminado y vaya a perder la Liga ante los azulgrana. Pero eso da igual, las derrotas barcelonistas son hoy por hoy su gran satisfacción. Hace 30 años era al revés, eran los culés los que sufrían una madriditis aguda y sus grandes alegrías eran las desgracias del rival, a falta de victorias propias. El barcelonismo sufría entonces un complejo de inferioridad y justificaba los éxitos del Madrid acusando a los blancos de ser el equipo del Gobierno y de recibir ayudas arbitrales. Pero hoy en día los papeles se han invertido, como consecuencia de la hegemonía azulgrana en los últimos años.

Mientras tanto, en Barcelona la dura eliminación ante el Bayern ha tenido un efecto sorprendente, al margen de volver al tradicional pesimismo y catastrofismo culé, se ha disparado de nuevo la ‘guardiolitis’. Escuchando tertulias y leyendo según qué artículos de opinión, parece que el culpable de la derrota ante los alemanes haya sido Pep Guardiola, al que curiosamente esta semana se le han dedicado más columnas que a Rosell, Zubizarreta o Tito Vilanova. Y eso que hace un año que se marchó a Nueva York. Otra obsesión que se arrastra desde hace tiempo y que parece que tampoco tiene curación.

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