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Estamos ante un jugador que es mucho más que la extensión del entrenador en el campo

Edu Polo
 Goal.com
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Periodista, FC Barcelona, Cadena SER

Hace casi dos años, el Barça disputaba la final de la Champions en Wembley ante el Manchester United. Pese al dominio y buen juego azulgrana en la primera parte, al descanso se llegó con empate a uno tras igualar Rooney el tanto inicial de Pedrito. Mientras los jugadores se refrescaban y recuperaban fuerzas en el vestuario, Guardiola y Vilanova pensaban bien qué les iban a decir de cara a la segunda mitad. Cuando entraron en el vestuario, no hizo falta que les dijeran nada.

Se encontraron a los jugadores formando un corro, todos escuchando a Xavi Hernández. Les dijo exactamente lo que Guardiola iba a decir. El técnico simplemente asintió y no añadió nada más. El Barça volvió al campo y ganó aquella Champions tras una exhibición histórica en la segunda parte que el propio Sir Alex Ferguson calificó como la mayor humillación futbolística de su carrera.

¿Por qué explico esto ahora? Pues para reivindicar la importancia de Xavi Hernández, una importancia que va mucho más allá de lo que vemos sobre un terreno de juego durante 90 minutos.  En las últimas semanas, después de que decidiera jugar el partido ante Francia, he escuchado y leído muchas críticas a Xavi por arriesgar para jugar con la selección y no con el club que le paga. Alguno incluso ha llegado a criticar su falta de compromiso con el Barça, olvidando que es el futbolista que más veces ha vestido la camiseta azulgrana. Críticas oportunistas, fuera de lugar y totalmente injustas.

Xavi jugó con España, no se resintió y unos días después volvió a jugar en París esta vez con el Barça. Y no sólo aguantó el partido completo, sino que asumió con sangre fría la responsabilidad de lanzar el penalti en el último minuto, el primer penalti que lanzaba en partido oficial en toda su carrera como barcelonista. Xavi ya había arriesgado unos días antes jugando ante el Real Madrid en la Copa y ante el Milan, también tocado del bíceps femoral, pero entonces casi nadie le agradeció ese esfuerzo y que corriera el riesgo de romperse. Igual que hace tres temporadas se jugó su presencia en el Mundial jugando varios partidos con el Barça con una lesión en el sóleo.

Xavi es un jugador básico no sólo en el terreno de juego, sino también dentro del vestuario. Y su papel en el Barça en las últimas semanas, especialmente tras los tropiezos en Milán y ante el Real Madrid, ha sido determinante. Con Puyol lesionado y con Tito en Nueva York, se ha convertido en el líder del grupo y posiblemente en el principal artífice de la remontada ante el Milan.

No sólo ha ejercido de jugador, sino que ha actuado como capitán e incluso en algún momento como entrenador. Y lo ha hecho por el bien del grupo, sin querer ponerse medallas ni darse publicidad. La remontada ante los italianos la estuvo ‘cocinando’ de puertas adentro durante varios días con los pesos pesados del equipo, tanto en el aspecto emocional haciendo piña en el grupo, como futbolísticamente hablando, tenía muy claro lo que había que hacer para superar a los italianos.

Estamos ante un jugador que es mucho más que la extensión del entrenador en el campo. Pueden dar fe de ello Vilanova, Guardiola, Del Bosque y Aragonés, los cuatro técnicos que ha tenido en su madurez futbolística. Es habitual verle hablar con Messi, Iniesta o Busquets durante los partidos corrigiendo posiciones, situaciones tácticas o dando con la tecla para romper la defensa del rival. Es el alumno más aventajado del técnico, el más listo de la clase.

Él siempre ha mantenido que no se ve como entrenador en el futuro, aunque a medida que se acerca su retirada ya no lo dice con la contundencia de antes. Cruyff le advirtió un día, tras un partido de la selección catalana: “Al tercer día retirado, te aburrirás tanto y echarás tan de menos el fútbol, que querrás ser entrenador seguro”.

De momento no es entrenador -al menos no desde el banquillo, quizás si desde dentro del campo- pero este miércoles estará ante el Paris Saint Germain. Y eso ya debería ser suficiente motivo para tranquilizar a la siempre sufridora afición azulgrana, esté o no Leo Messi. Porque Xavi no sólo juega bien, sino que hace jugar bien a los demás. Y eso es lo que le diferencia del resto y le ha llevado a ser uno de los mejores futbolistas del mundo.

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