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El líder del PP catalán, conocido por su defensa de la separación entre ambos mundos, tilda ahora de "cuestión de estado" que la selección española juegue en Catalunya.

Donde dije digo digo Diego. Y no pasa nada. Resulta que el adalid de la separación entre dos mundos, a priori lejanos, como el fútbol y la política, ahora aboga por el uso del deporte para apaciguar problemas políticos. Ante la ola de independentismo, hispanidad, al más puro estilo aceite de ricino. La letra con sangre entra, vamos.

Porque no se puede pedir no mezclar fútbol y política cuando el Camp Nou corea la independencia en cada minuto 17 con 14 segundos de cada partido del Barcelona como local y luego aparecer en los medios diciendo que "es cuestión de estado" que la selección española visite Catalunya en un plazo inferior a un año.

Así lo ha advertido Xavier García-Albiol, ex alcalde de Badalona y líder del PP en Catalunya, retratando un cinismo y una doble vara de medir que ya no sorprende a nadie en un país en el que fútbol y política no es que estén mezclados, es que son lo mismo. De lo contrario, no puede entenderse que La Roja no pise tierras catalanas en partido oficial desde el 12 de octubre (día de la fiesta nacional española) de 1975.

Han pasado ya cuarenta y dos años desde entonces y al margen del oro de la selección olímpica en 1992 y de algún que otro amistoso, España ha pasado de Catalunya y de sus gentes. Que se plantee hoy que la selección regrese no es, ni mucho menos, una cuestión futbolística sino una reacción política de alguien que demuestra no haber entendido nada. Quizá por eso sea el segundo partido menos votado en el Parlament catalán.