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Propuesta vertical-agresiva en los lusos y mezcla calidad-talento español. Duelo muy ofensivo, sin especulaciones ni adaptaciones al rival. Portugal-España, el mejor partido 2012.

Es el último paso para entrar en la historia, para asegurarse el podio y para multiplicar la ilusión. La exigencia es máxima, el rival jamás puede ser accesible y los detalles marcan las diferencias. Pero la especulación brilla por su ausencia y las armas no esconden su balas, lo que acaba por convertirse en una batalla donde las cualidades acaban reflejando la victoria y supremacía sobre el rival. Las semifinales de fases finales, ya sea en Mundiales o Eurocopas, tienen una historia tan nutrida o más que la propia final, donde los equipos llegan más encorsetados, presionados y hasta oprimidos por la angustia de lo que podría significar una derrota. El paso previo ha dejado seguramente los mejores partidos de la historia de un fútbol que en esa tesitura aboga por la ofensividad, los extremismos y la máxima concentración para ejemplificar en su máxima extensión, la pasión y la fuerza del deporte rey.

Imágenes para el recuerdo y momentos impactantes hay sobrados como para atestiguar que las semifinales son el partido más abierto, atrevido y atractivo de los torneos entre selecciones. En 1970, Alemania-Italia se citaron en el Azteca mexicano con un 3-4 final que necesitó una prórroga atípica con hasta cuatro goles. En 1982, con el Sevilla como testigo, se disfrutó y sudó con un espectacular 3-3 entre Alemania-Francia que acabó en penaltis y polémica (para muchos, el mejor partido de fases finales de la historia). Incluso en el 90, considerado Mundial aburrido, fue vibrante el Alemania-Inglaterra y el Italia-Argentina, pues ambos acabaron decidiéndose en penaltis tras muchos altibajos. La dinámica se repitió en el Francia-Croacia de 1998 o el increíble Alemania-Italia de 2006 en el Westfalen. En Eurocopas la dinámica es terriblemente similar, pues en 1984 la semifinal entre Francia-Portugal es el mejor partido de dicho torneo, el Suecia-Alemania lo fue en la edición de 1992, así como el Alemania-Turquía en 2008. Numerosas pruebas, muestras y realidades que abanderan la idea de que las semifinales siempre guardan el gran espectáculo que será recordado para la posteridad y que en esta edición de 2012, parece estar predeterminado al España-Portugal.

La Euro 2012 ha mostrado una mirada excesivamente especulativa durante diversos partidos. Se intentan minimizar riesgos defensivos hasta el punto de obsesionarse y alterar rotundamente los planes iniciales. Las conductas de quienes parecían atrevidos quedan en entredicho y los verdaderos problemas acaban estando en las variaciones tácticas provocadas por la temeridad. La identidad de las selecciones se han visto claramente debilitadas en cuanto se les ha exigido resultados e imagen, siendo seguramente las cuatro semifinalistas, aquellas selecciones que mejor han convivido con su propuesta, que menos la han maquillado y que más han defendido sus ideales para alcanzar esta fase. Un premio que va a notarse y a otorgar un espectáculo superior al visto hasta ahora y que ya ha generado expectación múltiple en el duelo Ibérico entre España y Portugal.

VELOCIDAD OFENSIVA Y ENERGÍA DE COMBATE

Portugal: Contragolpes, velocidad tras robo y rebosante energía

La selección de Paulo Bento sabe lo que es levantarse, remar, reaccionar y conseguir confianza en esta fase final. Y todo, en apenas quince días puesto que el último partido antes de llegar a suelo ucranio-polaco, fue una derrota en Lisboa donde las sensaciones fueron muy pobres. Desde la derrota en el debut ante Alemania donde merecieron más en una segunda parte donde debieron amedrentar a los teutones por ocasiones y riesgos tomados, hasta la victoria clave ante Dinamarca y la reacción absoluta contra Holanda para remontar y acabar rompiendo sus propias temeridades en confianza.

Porque esta selección portuguesa nunca dudó de su capacidad, sino de la psicología que le hace minimizar sus cualidades y ceder en fuerza colectiva en los momentos más tensos. Cuando estos se han atravesado con la solvencia que aseguran muchas de sus estrellas, la realidad ha mostrad lo que intuíamos, una selección completísima y con una identidad clara. No habrá especulaciones ante España, no se recompondrán planteamientos ni variaciones adaptables al rival, sino que se defenderá con solidez, mucha energía, compromiso global y se buscarán descaradamente las contras tras robo para explotar sus punzantes extremos.

AUTO-CONTROL DE POSESIÓN Y TALENTO

España: Posesión, control y destellos talentosos

La selección de Vicente del Bosque ha ido dejando algunas dudas durante el torneo pero ninguna de ellas tenía razones para imponerse porque jamás se ha dudado del estilo y de las armas de la Roja. Los pequeños matices añoraban recuerdos de un éxito cercano (Euro 2008 y Mundial 2010), donde se cree que España tenía mayor capacidad y abanderaba aún mejor que ahora la fuerza del estilo. Es decir, que existía más pegada ofensiva, más ritmo de transición ofensiva y un espectacular desarrollo en despliegue atacante. Como esa versión que algunos recuerdan sin mucha claridad (sencillamente porque tampoco se ganó nunca con extrema diferencia), todo se ha calmado en cuanto el colectivo ha reconocido su identidad nuevamente contra Francia. Una victoria que replica cualquier duda anterior y que representa una clara puesta en escena para seguir intentando hacer historia con su tercera pase final consecutiva en lo más alto (nadie lo ha logrado hasta ahora).

Porque la idea está más clara que nunca, se ha optado por una serie de jugadores concretos sin tantas variaciones como antaño (puesto que hay estrellas como Llorente o Mata que aún ni han jugado) pero con la clarividencia global como para demostrar que cualquier respuesta o reacción de Vicente del Bosque en el terreno de juego, ha acabado siendo satisfactoria para los planes. Se exprime la posesión más que nunca y no hay un nueve referencial, algo que otorga un factor sorpresa por las continuas llegadas desde segunda línea y, sobre todo, ofrece más alternativas para no perder el dominio en ningún momento.

Dos estilos, máxima ofensividad, mínimas especulaciones y el partido ‘recordado’

Todos estos ingredientes acumulan suficientes motivos como para encontrarnos con el mejor partido de la Eurocopa. Una propuesta que busca posesión, dominar la pelota y esperar que su talento haga desesperar al rival, contra una respuesta con velocidad, desequilibrio y energía a raudales que quiere colocar a su crack en la cima del año 2012. Hay estrellas consagradas, rivalidades personales, compañeros que desean ajustar cuentas y hasta una clásica necesidad de imponerse al ‘vecino’ ibérico (curiosamente ambos países se unieron para candidaturas de cara a próximas fase finales). Portugal-España. España-Portugal. El mejor partido de esta Euro 2012.

ESPAÑA-PORTUGAL SE UNIERON EN LA CANDIDATURA IBÉRICA

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