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Nuestra columnista reabre el eterno debate en la portería del Real Madrid

 Susana Guasch
 Goal
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Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

Es el debate de siempre, pero Carlo Ancelotti se lo ha ganado a pulso. Nadie en su sano juicio puede permitirse el lujo de ignorar al mejor portero del mundo, el de las paradas imposibles. A Diego López le habría bastado anoche con estar acertado en un mano a mano, precisamente la gran virtud de Casillas. Lástima que las estadísticas de los últimos días hayan sido fatídicas para el guardameta de la Liga: en apenas siete u ocho disparos ha encajado seis goles. Al equipo más letal le han pagado con su misma moneda y, de repente, el Madrid ha perdido tres cuartos de campeonato: un cachito por el Atlético, otro por el Barça y el tercero por errores nefastos. Los bofetones del clásico y del Pizjuán evidencian que nosotros, los periodistas, hemos malgastado demasiada tinta en elogiar tanta goleada blanca. Con todos mis respetos, no es lo mismo un Madrid-Elche que visitar en caliente a un Sevilla muy en forma. Me sale la vena tremendista: los blancos no han ganado en ningún campo de los de arriba. Fallaron en el Camp Nou, Calderón, San Mamés, el Madrigal y ahora otra triste historia en Sevilla.

El runrún cada vez suena más fuerte. Ancelotti no sabe fajarse con grandes peleadores y sus pinchazos son un caos táctico. La lectura simplona es que el Madrid no funciona si Cristiano no tiene el día; una visión más perspicaz apunta al resfriado de Xabi Alonso. Lo decía el ‘Cholo’ Simeone en una entrevista, “Xabi es el equilibrio”. El donostiarra ha sido un fantasma de sí mismo en las últimas fechas y, si no reaparece, el Madrid se la jugará con las vértebras fracturadas. Recuperarle o encontrar un remedio casero es responsabilidad de Ancelotti. Le pagan por tomar decisiones que no han existido durante estos partidos. A bote pronto, su última orden fue cambiar a los laterales en el derbi madrileño. De juzgado de guardia, vamos. Pero la culpa es de todos: el clásico eclipsó demasiado al Madrid, tanto por parte de la prensa como de los propios futbolistas. Cuando tocaba hablar de fútbol, de la final de Sevilla, a Undianco Mallenco le seguían haciendo vudú. El equipo de Emery fue peor y ganó, tiene mérito. Sobre todo, porque juegan dos cracks que tienen novias por toda Europa: Rakitic es el ideólogo y Carlos Bacca el ejecutor, ¡vaya tándem!

Pero la pareja de moda es Simeone y Diego Costa. El míster saca adelante su partido a partido gracias al bisonte que tiene en punta. Otro gol decisivo, y ya van un porrón, para dejar en evidencia al ‘Cholo’. Este Atleti sí es candidato a la Liga por más que el argentino se siga disfrazando de víctima. A partir de ahora cada jornada es como asomarse al abismo, por eso al Atlético casi se le atraganta el Granada. No sucedió y los rojiblancos siguen teniendo en su mano el título.

También lo tiene el Barça pero no será en las manos de Víctor Valdés. Una parada tontorrona le quebró la rodilla y adiós prematuro al club de sus amores. Ya no podrá despedirse a lo grande,  como merece,  en el Camp Nou ni viajará a Brasil, ¡malditos ligamentos y maldito destino! Así que llega la hora del mejor amigo de Messi. Sale el banquillero de toda la vida, salen Pinto y sus rastas. Y el Barça tendrá que jugarse toda la temporada con el portero de la Copa. Casi como le pasa al Madrid. Por cierto, Valdés apuntaba a titular en el Mundial... la flor de Casillas sigue bien regada.

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