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El futbolista galés es el elegido de Florentino Pérez para compensar el fichaje del astro brasileño por el Barcelona

 Susana Guasch
 Goal.com
Síguela en
 
Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

Ni Cavani, ni Luis Suárez, ni Lewandowski, ni siquiera Isco. A Florentino le pone Gareth Bale, siempre ha sido Bale y nadie más que Bale. El Madrid prepara la maquinaria para fichar a su próximo galáctico, el único capaz de agitar a un público todavía decepcionado por la guerra civil desatada y finiquitada por Mourinho. El galés quiere venir pero sin enemistarse con su Tottenham, club al que debe su fama y al que, precisamente, él ha vuelto a poner en la jet set. Su fichaje se intuye largo y pesado, quizá por etapas; vamos, como la progresión del jugador: de lateral a interior y terminando en la media punta. Su PVP lo pone el dueño, Daniel Levy, y el punto de partida son noventa millones, sin negociación aparente.

Los merengues emprenden una batalla a contrarreloj porque todavía no han cerrado a ningún pretendiente de esos cientos de nombres que baraja cada verano, pero es que por no tener, no tiene ni entrenador. Así que a la espera de que el Paris Saint Germain deje de marear la perdiz con un entrenador de quita y pon (Arsene Wenger llegará en 2014) y, por ende, Ancelotti rescinda su contrato, Florentino necesita entretener a su público.

De momento, el aficionado blanco siente la angustia de ir al quiosco cada día, comprar el periódico y encontrarse humo: ningún fotomontaje de esos típicos de MARCA que colocan en portada el retrato de un futbolista con la camiseta del Madrid. Todavía me acuerdo del culebrón de Liliam Thuram con los blancos: salió en primera plana vestido de blanco unas cuantas veces, Lorenzo Sanz siempre insinuó que estaba a punto de caramelo, y de repente los flecos, siempre los malditos flecos. Con Bale no sucede lo mismo: los noventa millones que ha impuesto el Tottenham por lo civil o lo criminal no dejan margen para la creatividad periodística. Y para mayor escarnio merengue, la estrella galesa todavía no ha dado un paso adelante: ni una servilleta con un garabato, ni un gesto público de rebeldía. Demasiado complicado. Sin embargo, el Madrid tiene que honrar a la lista Forbes y demostrar por qué es el más rico: noventa kilos en metálico, a tocateja y sin financiación que valga. Listo.

A Florentino no le hará ninguna gracia que Neymar ridiculice defensas en la Confederaciones un partido sí y otro también. Su fantástico zigzag en el segundo gol contra México supone un precio casi de broma, si es que de verdad costó 57 millones... Pero el Barça cuenta con un ligero detalle que Florentino no puede cambiar, ya es ley de vida: los precios con el Madrid suben como la espuma. Viene de lejos. Recuerdo que el Valencia aprovechó su monumental cabreo por la huida de Mijatovic en 1996 clavándole a los blancos mil kilos de las antiguas pesetas; y un tal Elvir Balic, capricho de JB Toshack, casi cuatro mil. Cualquier club del mundo huele de lejos la llegada de los negociadores. Saben que el Madrid es de la pasta por excelencia y actúan en consecuencia, sacándole hasta el último talón de la chequera. Y, por supuesto, el Tottenham no va a ser menos.

Pero a lo que voy. Bale no sólo es un galáctico más o un cebo para vender más periódicos. En esta guerra fría Madrid-Barça, los blancos necesitan un antídoto contra la cresta de moda y batiendo el mercado no hay demasiados cracks, salvo que Florentino trame otra operación Figo, que no sucederá. El mercado español sigue sin existir para el Madrid. Mucha gente opina que con el dinero que cuesta el galés  ficharía a Thiago, Isco y Cazorla. O Mata. Pero el presidente se jugará todo a una carta: Bale es el elegido. Eso sí, sin olvidar al  flamante campeón de Europa Sub'21, Morata, y quizás un campeón mundial Sub'20, Jesé. Tendrán minutos en el primer equipo.

Cantera y cartera suena mejor que ‘Zidanes y Pavones’, al menos la próxima temporada. El caso es que dejando al margen a Messi y Cristiano, Neymar y Bale serán las atracciones de nuestra liga. El brasileño compensará una entrada del Camp Nou recreando las artes funambulistas de Romario y Ronaldinho, mientras que en el Bernabeu sonará el runrún cada vez que Bale emprenda una galopada por la banda. Ni me quiero imaginar esa carrera de bólidos, con Cristiano por un lado y el galés por otro. Sí, Florentino: a por todas, a por Bale.

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