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Nuestra columnista analiza el torneo que tendrá que disputar la Selección española en apenas unos días

 Susana Guasch
 Goal.com
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Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

Amistosos trampa. Confieso que en el minuto 20 contra Haití intuí una bacanal goleadora; hasta ese instante, el gol de Cesc, no entendía qué preparación exige un bolo para una competición metida en el calendario con calzador. La FIFA, en su obsesión por contentar a las masas en año aburrido (sin Mundial, Eurocopa ni Juegos), vende su producto reventando a quienes lo fabrican. Y en nuestro caso, el honor de representar a la campeona de todo se hace demasiado pesado; sobre todo, para la gente del Madrid y del Barça, que han aguantado las últimas jornadas como el preso que traza palitos en la pared de su celda para saber cuántos días lleva encarcelado. Por eso, Florentino agradece que Xabi Alonso se haya operado ahora de la pubalgia, no vaya a ser que el donostiarra quede desguazado la próxima temporada y, en vez de Gareth Bale, haya que activar la operación Gündogan. Pero a quien menos gracia le habrá hecho la Confederaciones es a Sandro Rosell: trasvasar medio Barça a las Américas quizá no sea el mejor método antiestrés para una plantilla que llegó asfixiada a la matanza europea de Munich. Es el peaje de jugar con los mejores.

Una buena noticia: no a todos les parece un coñazo la Confederaciones. Delante de cualquiera encontramos a Iker Casillas. Su estado nervioso se resumió anoche en dos imágenes consecutivas: primero, resopló aliviado después de desviar in extremis un trallazo irlandés; a continuación, encajó un gol y se quedó tendido boca arriba sobre el césped, como si hubiese encajado un gol maldito en una final de Champions. Afortunadamente, agradecemos al árbitro su buen hacer en el gol ilegal y por haber evitado un nuevo debate nacional con el capitán. Mourinho se ha largado, sí, pero ha dejado una herencia muy peligrosa para Casillas: sus paradas en el Madrid evidenciarán la ineptitud del portugués y sus cantadas, que las habrá porque es ley de vida, excitarán a la yihad mourinhista. Sin embargo, a Casillas se le nota que entra en otra dimensión cuando juega La Roja: ahí todos son colegas y no guerrillas atrincheradas. Aunque la selección tampoco necesita pecar de exceso de compañerismo como sí lo han hecho Xavi (“No puede ser que un club grande juegue como el Madrid de José Mourinho”), Iniesta (“Mourinho ha hecho daño al fútbol español”) y Piqué (“Mourinho desgastaba mucho a los jugadores de Madrid y Barça”). Mou hasta en la sopa y  siempre en el centro de la diana, ¡qué demonios: él es la diana entera! Gracias, Happy One, las ruedas de prensa no serán lo mismo sin ti.

Pero la Confederaciones no sólo apunta a Casillas. El torneo también es un examen de reválida para todos aquellos delanteros que no satisfacen a Del Bosque, que por de pronto son…¡todos! Tal cual lo confesó el seleccionador nacional hace unos días: “Si tuviéramos un delantero centro en condiciones…”. Perdón por mi obsesión pero si lo hubiera dicho Mourinho habríamos asistido a su enésimo ajusticiamiento público. El caso es que no quiero imaginarme  qué habrán pensado Fernando Torres, Villa, Negredo y Soldado. También Cesc, el alumno más aventajado en el tema del falso nueve. Vayamos por partes: en medio de un fusilamiento permanente Torres se ha currado un palmarés que ya querría Karembeu; Villa todavía anda encontrándose a sí mismo después de aquella lesión gravísima de Japón; Negredo se ha marcado una temporada bestial pero juega, con todos los respetos, en el Sevilla y Soldado las falló todas delante del portero haitiano (le faltó una al estilo Abreu) y se resarció contra Irlanda. Solución: falso nueve. Cesc, cálzate las botas.

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