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Susana Guasch nos habla de un hipotético y peculiar regreso de El Niño a Madrid

 Susana Guasch
 Goal.com
Síguela en
 
Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

No quiero provocar a tan solo un día de la final de la Copa del Rey, pero la Europa League le ha dejado a Florentino una pista más: ni gatos ni perros ni Neymar ¡Fernando Torres, Liverpool’s number nine! El Bernabeu está preparado para repetir el cántico, aunque el pareado no quedará igual y su pasado pesa mucho pero también su palmarés, requisito imprescindible para el presidente. Porque Torres, siempre al filo de la sospecha, se ha marcado una época brillante: Eurocopa de Viena con gol suyo, Mundial de Sudáfrica, Eurocopa de Polonia y Ucrania, la Champions contra el Bayern y anoche la Europa League…y le seguirán poniendo a parir, pero quién no quisiera fardar de tanta titulitis. El caso del ‘Niño’ da para un caso clínico: una goleada del Barça en el Vicente Calderón (0-6) le abrió los ojos definitivamente. Si quería copas debía emigrar de Madrid, y fue Rafa Benítez, ¡qué vueltas da la vida!, quien le eligió a dedo para su proyecto de Liverpool. Allí espabiló, maduró y por fin domó cualquier balón, su asignatura pendiente. Sus goles sobreexcitaron a The Kopp, aunque los títulos nunca llegaron. Por eso, Roman Abramovich sacó la chequera para pagar ni más ni menos que 56 millones. Torres no lo dudó: por muchas tardes de gloria, por muchos goles imposibles, sólo los títulos inmortalizan a un futbolista. Y él los ha conseguido, con sufrimiento, pero están todos en sus vitrinas.

Y Mister Rafa también se ha coronado campeón después de rescatar al Chelsea de la UVI. No dudéis que a Florentino le pone la titulitis; no en vano, Benítez es uno de los predilectos de la mano derecha (e izquierda) del presidente, José Ángel Sánchez. Sin embargo, la candidatura del entrenador español llega tarde: Ancelotti se está peleando con su jeque para no salirse de la ‘pole position’, sabe que el tren del Madrid pasa sólo una vez (bueno, en su caso dos, la primera en 2005). Dicen que la clave son cuatro millones que Florentino no quiere pagar, pero los dueños del Paris Saint Germain ahora ya no quieren soltarle ni por pasta, eso les sobra. Los aires de grandeza del PSG le han obcecado hasta el punto de no desprenderse de Ancelotti si no le relevan por otro colega del mismo caché…¿Mourinho? Improbable. Los aficionados del Chelsea, los sobrios y los ebrios, lo han repetido hasta la saciedad por las calles de Amsterdam: ¡José Mourinho is coming back! Quizá esa vuelta a casa se resuelve el próximo viernes. No me quiero imaginar el desastre que causaría la campanada atlética: ya veo a ese Mou yendo rápido a la sala de prensa sin haber recogido la medalla del subcampeón, con la guadaña preparada y la foto del restaurante Filandón, donde la plantilla comió sin su presencia, dentro de la chaqueta. Ya no va a sobrevivir ni Chendo.

Pero intuyo que la salida del portugués va a ser límpia: quizá una comparecencia conjunta de Florentino y Mourinho en la que el presidente rinda honores a su empleado y le deje las puertas abiertas a un posible retorno, ¡no me digáis que no tendría morbo! Porque cualquier periodista que desee su marcha no piensa en lo que nos espera: a ver qué titulares se inventa Carletto la próxima temporada o Jupp Heynckes, quién sabe. Desgraciadamente pero así lo hemos querido, Mourinho se ha convertido en el epicentro del periodismo deportivo, una tendencia pasajera que ha motivado guerras de trincheras entre afición y periodistas, y también dentro del propio gremio. Vamos, un fenómeno social para ser estudiado en Harvard o algo parecido diría Enrique Cerezo. Su Atleti ganará o seguirá llevándose collejas del hermano abusón, pero él responderá con guasa delante de las cámaras. Al fin y al cabo, me atrevería a decir que es el club simpático de España. Y, por qué no, mañana puede volver a ser algo más. ¡Viva la Copa!

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