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Susana Guasch habla en su columna semanal de la situación del técnico del equipo merengue

 Susana Guasch
 Goal.com
Síguela en
 
Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

Florentino Pérez decidió apartarse de la escena pública cuando volvió al rescate del club. Y como en cualquier multinacional seria, el presidente declinó cualquier entrevista o ‘canutazo’ que fuese susceptible de ser mal interpretada; para eso entrarían en liza los portavoces (el problema es que el más genuino de todos, Jorge Valdano, salió escaldado por incompatibilidad de principios). Desde entonces, Florentino se ha limitado a pronunciarse en actos institucionales con mensajes concisos y contundentes, directos a la realidad del Madrid. En la comida de navidad con la prensa sugirió “limar tensiones”, las que se habían disparado con la suplencia de Iker Casillas en Málaga, mientras que el pasado lunes pidió “unidad”. Sin embargo, su pose de firmeza (soy el presidente y lo que digo va a misa) ha calado en toda la gente del club, salvo en uno: The Special One. Tan especial que siempre ha ido por libre con su corte pretoriana. Porque Mourinho es una institución en sí mismo y el corporativismo no va con él. Quizá sí al principio, cuando el Barça fue declarado enemigo público y todas las opiniones del vestuario, incluidos Casillas y Ramos, disparaban en la misma dirección. Por aquellos tiempos no había ‘yihadistas’: Mourinho se comprometió con el Madrid para desquiciar al Barcelona, si no podía ser sobre el césped, pues delante de un micrófono.

La ‘Décima’ había causado una obsesión tan vasta en Florentino, que no le importó dar manga ancha a su entrenador. Su coartada maquiavélica justificaba cualquier decisión si venía la ‘Orejuda’. Así lo entendió Mourinho, al pie de la letra. Sintiéndose tan intocable como Eliot Ness, el portugués comenzó a levantar lápidas sin disimulo alguno: el mundo debía enterarse quién era él. Se cargó al médico del club durante años Juan Carlos Hernández y a Chechu el cocinero porque no confiaba en ellos. Valdano, incordio número uno para el entrenador, desapareció del mapa... El primer damnificado en cuanto a jugadores se refiere fue Pedro León en una tranquila previa de Champions, ¿se acuerdan?: “Habláis de Pedro como si fuera Zidane o Maradona”, resolvió Mou para zanjar la polémica de su no convocatoria. Uno menos. El siguiente en pasar por el cadalso fue Benzema, éste repetidas veces: desde el inolvidable “con perro cazas; con gato cazas, pero menos” (Higuaín era el perro) hasta el curioso método con el que Mou espabiló al delantero francés: “Llegas dormido a las 10 y sigues dormido a las 11”, pasando por el “¿Benzema? Yo paso 90 minutos en el banquillo todos los partidos” (tras haber dicho el francés que pasaba más minutos en el banquillo que en el campo). Pero Karim tiene más vidas que un gato y su cabeza sigue sujeta al cuello.

Tampoco ha evitado las balas Higuaín, porque su decisión de operarse de la espalda más tarde de lo previsto provocó la ira de Mourinho contra jugador y médicos: “Algún iluminado habló de recuperación sin cirugía y ahora ha cambiado de opinión”. Pero realmente esta temporada sí que ha sido la top de las top. Mourinho ha provocado todas las guerras imaginables con una Kalashnikov cargada con cientos de cartuchos. La derrota de Sevilla puso en el ojo del huracán a Özil y Di María, sobre todo al alemán: “No me puedo creer que haya chicos de 23, 24, 25 o 26 años que no jueguen dos partidos seguidos”. La depresión de Özil fue tan honda que su amigo Sergio Ramos le defendió luciendo una camiseta en su apoyo. Curiosamente, en aquel partido contra el Dépor Pepe marcó gol y se lo dedicó a Mourinho con un abrazo efusivo, ¡cómo cambia la vida! El central ha pasado del cielo al infierno en veinte segundos, los que tardó en condenar a su entrenador. Ahora Karanka se sorprende de que la prensa le defienda cuando antes le mataba. No se a qué prensa se refiere, pero es justo al revés de lo que ha hecho Mourinho con Pepe.

El temperamento de Ramos le costó otra lápida del entrenador, pero incluso Mou es tan hábil como para no prescindir del mejor defensa del momento, ni siquiera cuando MARCA descubre una bronca entre ambos delante de todos en un entrenamiento. De todos modos, el huracán todavía no había alcanzado su máxima intensidad…el epicentro se llamaba Iker Casillas, amado por la prensa, la gente y, ¡qué demonios!, España entera. Pero ser el “niño bonito” de los periodistas es lo que más le repatea al portugués. Él prefiere a Diego López y su confesión a pecho descubierto (inédita en su hemeroteca personal y puede que en cualquier rueda de prensa de entrenadores de la historia) recalca su inquina contra el portero por motivos extraprofesionales; de lo contrario, a qué jugaba Mou cuando dijo hace año y medio, después de una Gala del Balón de Oro, que Casillas era el mejor portero del mundo y debía ganar un trofeo…¿tanto ha empeorado Iker? Total, que defienden más al portero desde el Barça que en el Madrid. De traca.

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