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Pese a que todos esperaban que la capital vibrase con el triunfo colchonero, la plaza del Dios del mar fue testigo de altercados y una reacción desproporcionada de la Policía

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El Atlético de Madrid logró ganar el título de la Europa League en el "National Stadium" de Bucarest ante el Athletic de Bilbao. Pocos minutos después del pitido final y el alzamiento de la Copa por parte de Antonio López y Gabi, la celebración que se vivía en el estadio rumano se trasladó como por arte de magia a las calles de la capital.

Había ganas de ir a ver a Neptuno y la afición colchonera cumplió con su cita. En un sinfín de cánticos y algarabía, las inmediaciones de la mítica fuente madrileña fueron llenándose de forma paulatina de más y más aficionados que muy pronto vieron con incredulidad que su celebración se había trasladado de lugar.

Un precedente peligroso
Se advierte de la brutalidad policial
El inmenso dispositivo policial desplegado entre los cuerpos de Policía Nacional y Municipal vetó el acceso a la Plaza de Neptuno. "¿Pero no nos vais a dejar entrar en toda la noche?", preguntaba enfadada una aficionada que recordaba cómo hace dos años, y sin apenas incidentes, un número todavía mayor de aficionados sí pudieron festejar el título del Atlético a una distancia prudente del dios del mar.

Poco a poco, la frustración por no llegar a la fuente y el alcohol fueron crispando los ánimos de varios radicales que comenzaron a lanzar botellas a los efectivos de la Policía: no eran demasiados, pero hacían mucho ruido. "Parad joder, que esto es el Atleti", gritó uno de los hinchas que tenía ganas de celebrar sin violencia... Sin embargo, era demasiado tarde.

La Policía respondió, a través de los antidisturbios, y lo hizo de manera desproporcionada y torpe con una carga que dejó prácticamente desierto el eje norte del Paseo de Recoletos. Había comenzado una guerra en la que fueron objetivos tanto los vándalos que lanzaron botellas como las mujeres y jóvenes que se habían dado cita en las inmediaciones de Neptuno.

Era el final de la fiesta, y el inicio de una batalla campal que se resolvió con varios heridos. El SAMUR tuvo que atender a varios aficionados que presentaban heridas y se detectaron algunos incendios de contenedores, que provocaron la entrada en juego de los bomberos.



Y de nuevo, los cuerpos encargados de mantener el orden ejecutaron una nueva carga, esta vez en la Carrera de San Jerónimo, a escasos metros del Congreso de los Diputados. Otra vez los objetivos de los golpes fueron gente asustada que no entendía por qué había que desalojar la calle.

Precisamente en uno de los porrazos de los antidisturbios, un chico que acababa de llegar procedente de una de las calles cercanas (la que hace esquina con el conocido Hotel Palace) fue alcanzado y cayó al suelo ante la mirada perpleja de sus amigos. Tardó varios minutos en volver a incorporarse.

Cuando el que escribe sacó esta foto, uno de los antidisturbios se percató de mi "peligrosa acción" para la seguridad pública y sin mediar palabra, me asestó dos golpes en las piernas para, posteriormente, decirme con delicadeza extrema: "Fuera de aquí, joder". Curiosamente, justo antes el Twitter oficial de la Policía había comentado "celebrar con alegría el triunfo en el fútbol, pero con respeto a todos y las normas"... A pesar de ello, los antidisturbios parecían estar al margen de semejante recomendación.

La fotografía en las calles después de las cargas era desoladora. Varios contenedores ardían mientras la carretera se encontraba llena de cristales. La capital estaba tomada por el amplio dispositivo de cuerpos de seguridad, que habían fracasado de forma radical en la tarea de controlar la fiesta colchonera. Los que habían desaparecido eran los cobardes que lanzaron botellas y precipitaron la reacción en cadena...

A la una y media de la madrugada, Neptuno ya no tenía compañía. La celebración había terminado de forma brusca y el Atlético tendrá que esperar hasta esta tarde para celebrar en su fuente el título logrado. Desde Goal.com pedimos responsabilidad y cordura, tanto a los aficionados como a la Policía, para que crónicas como esta no tengas que volver a ser escritas. ¡Y felicidades al campeón!



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