thumbnail Hola,

Cuando hacía falta combustible para hacer explotar la fortaleza defensiva de Venezuela, la Pulga conectó con Higuaín y el partido se abrió. Una fórmula temible...

Empezó el partido. La pelota, como siempre, más rápida que los jugadores, o que casi todos ellos, pasaba de una banda a la otra. Gago, Fernández, Gago, Garay, Gago, Rojo y así, con el número 10 parado en campo rival, entre el mediocampo y el área venezolana. Trotecito suave, unos metros para un lado, otros para el otro, pero sin entrar en el circuito de Argentina, que intentaba por medio de pases cortos y rápidos deshacer la tela de araña planteada por César Farías.

De repente, chispazo. El interruptor se movió y él, como si algo por dentro hubiese explotado, entró en acción. Conexión con Higuaín, sociedad letal, y zurdazo cruzado entrando al área muy bien atajado por Hernández.

Nuevamente laguna. Como si eligiera los momentos, Messi volvió a pasar inadvertido aunque difícilmente lo logre alguna vez. Ya es el mejor del mundo hace tiempo y sus rivales no pueden distraerse por más que no participe en el juego. Igualmente, no fue larga la tregua que le dio el capitán de la Selección a la defensa venezolana. En zona punzante, a metros de la medialuna, recibió de Montillo, direccionó su pie izquierdo y asistió de forma excepcional a Pipita, que en el área es un asesino serial del gol.

Acostumbrado a romper récords, está cerca de igualar a Diego Maradona en cantidad de goles con la camiseta albiceleste. Antes de comenzar el encuentro, estaba a tres, y antes del final del primer tiempo, descontó uno. Faltaban un par de minutos para ir al descanso y Cichero frenó por impulso una pelota con la mano que seguramente Messi iba a terminar metiendo en el arco. Lo único que logró el lateral fue retrasar la condena, porque desde los once metros, el 10 fusiló.

A diferencia del inicio del partido, el mejor del mundo empezó enchufado en el complemento y casi concreta el tercero tras una apilada en la que se la llevó con más autoridad que habilidad, raro en él, pero Hernández fue rápido, quizá por única vez en la noche, y le ahogó el grito.

Insaciable como siempre y preciso, también como siempre, Messi no pudo con su genio y nuevamente le sirvió el gol a Higuaín, que está pasando por su mejor momento desde que juega en la Selección.

Con la actitud de siempre y los ojos desorbitados cada vez que posa la mirada en la pelota, Messi siguió presionando a los zagueros rivales y hasta al arquero como si el encuentro estuviera igualado. Él quiere jugar siempre. Todos los partidos, todos los minutos. Podría haber sido reemplazado para comenzar antes con el descanso previo al fantasma de Bolivia en la altura de La Paz, pero no. Es el as de espadas y como él mismo lo dijo, no quiere ver cómo pasan cosas adentro de la cancha estando afuera. Apareció cuando quiso. Cuando el equipo necesitó. Apareció y nuevamente hizo la diferencia.

Artículos relacionados