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El meta gallego abandona el Real Madrid para fichar por el Milan. Es el aparente derrotado del duelo con Casillas, pero sin embargo, el que ha terminado ganando más con el pulso

OPINIÓN

Diego López dice adiós al Real Madrid para fichar por el Milan. Y lo hace por la puerta grande. Será uno de los activos más en forma en un club que lucha contra los elementos por reverdecer viejos laureles. En Lombardía se frotan las manos con la llegada del cancerbero que sentó a Iker Casillas ante dos entrenadores distintos con apenas ocho meses de diferencia. Una etiqueta que ya siempre acompañará al gallego. Brazo armado de José Mourinho en su cruzada contra el capitán blanco, Diego López supo sacar partido a esa inercia positiva que le habían regalado para hacerse fuerte luego sobre el césped. Hasta hacerse todo un ídolo para parte del madridismo en apenas el último año y medio en Concha Espina.

¿Quién se lo iba a decir a Diego López? Quién se lo iba a decir cuando cambió el Real Madrid por el Villarreal ante la falta de minutos en ese Santiago Bernabéu que luego le aplaudiría más de un lustro después. Quién se lo iba a decir cuando el interés de grandes clubes de Europa en ficharle nunca terminaba de fructificar mientras jugaba en Castellón. Y sobre todo, quién se lo iba a decir cuando en diciembre de 2012 era suplente de Andrés Palop en el Sevilla, condenado al ostracismo por una afición donde nunca terminó de caer de pie.

Apenas unos días después de aquello, se encontraba defendiendo la portería del Real Madrid por Europa, y con una reducida pero fiel legión de aficionados bebiendo las aguas por él, antes incluso de que hiciera su primera parada. De la nada pasó a ser un tótem cuasi divino para un sector del madridismo. Y ya la temporada pasada, símbolo de una causa pretérita que se extinguía conforme Carlo Ancelotti ganaba más y más partidos a los mandos del Real Madrid. Hoy en día es ya elevado a la categoría de mártir por esos mismos que le han vitoreado bajo cualquier circunstancia y condición. De la nada al todo en apenas veinte meses. Raramente se vio un meteórico ascenso así en el Real Madrid, y menos sin un palmarés detrás, y sin ni por asomo el halo de crack mundial.

No tendrá Diego López forma de agradecerle a José Mourinho todo lo que ha hecho por él. Le ha cambiado la vida. Por ficharle, por darle el mejor escaparate del mundo para lucirse, y por blindarle a capa y espada. Luego, y más importante aún, Diego supo hacerse fuerte en su plaza bajo palos, claro. Tanto como para que Carlo Ancelotti –supuestamente con una mentalidad limpia y sin vicios- volviera a darle la titularidad. Y es que el rendimiento del lucense ha estado muy por encima de las expectativas. De quitarse el sombrero. Logrando así granjearse el afecto y el respeto hasta de muchos de los que no entendían su presencia en el club y, menos aún, su titularidad. También, por supuesto, del resto de grandes clubes de Europa, que seguramente dos años atrás ni le reconocerían.

Se marcha Diego López. Se marcha el portero que llegó siendo un mero móvil para castigar a Casillas, y que acabó sentando a Casillas. Tanta gloria lleve consigo como descanso se espera que deje en Madrid.



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