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Pese a la oficiosa salida del gallego, el debate no cesa en la portería. En parte, por el indisimulable mal momento del capitán blanco. La solución podría estar en otro meta más

OPINIÓN

El Real Madrid ha cogido el toro por los cuernos en la cuestión de la portería. Lo decíamos el pasado jueves, nada más salir las primeras informaciones sobre la decisión del club blanco de quedarse con Iker Casillas y dar salida a Diego López para poder hacer hueco a Keylor Navas. No es cuestión de hace cinco días, sino de mucho más tiempo, que buena parte del madridismo se ha abonado a la autodestrucción a costa del debate de la portería sin embargo. Y si ya el pasado jueves, con la filtración de la decisión merengue, se dejó sentir con fuerza ese cíclico terremoto que se repite con cada opinión y cada decisión en torno a los dos cancerberos merengues, lo sucedido el sábado con el partido entre Real Madrid y Manchester United fue más que sintomático de que, ni con uno de los dos tótem ya caídos, va a cesar el permanente cruce de acusaciones entre las distintas sectarias facciones de la afición blanca.

Y es cierto que el ‘cadáver’ de Diego López estaba todavía caliente, de cuerpo presente en el banquillo del estadio de Michigan. Era todavía el primer partido desde que se había dado a conocer oficiosamente la próxima salida del gallego, y sus acólitos tenían ganas de hacerse sentir. Lógico, hasta cierto punto. Lo que se escapa un poco a la razón es que sea precisamente Iker Casillas el que más aliente el debate, dando razones a sus detractores sobre el campo, a la vez que se las quita a sus defensores.

Casillas no está bien. No hay forma de taparlo, además. Durante la temporada se camufló decentemente en Copa y en Europa, alternando también con otras actuaciones realmente meritorias, pero la final de la Champions League y el Mundial de Brasil lo han puesto definitivamente de manifiesto a los ojos de todo el mundo: le falta chispa, le falta estrella, ‘su’ tradicional estrella. Y en Lisboa algunos apelaron a ella, por la remontada en la final tras su fallo inicial, pero no era la estrella de Casillas la que relució, sino la de Ramos. Hoy lo sabemos. Porque han sido apenas dos partidos de pretemporada. En otro momento de su carrera, hubieran pasado desapercibidas sus incapacidades para frenar a los jugadores del Manchester United. Pero no ahora. A día de hoy es una nueva confirmación de que, efectivamente, Casillas no está bien. Y no lo está ni aun cuando desde el Real Madrid le han devuelto las llaves de su portería. Y eso es preocupante.

Porque todos, madridistas o no, deberían tener medianamente claro que es muy difícil que Iker Casillas vuelva a exhibir su mejor nivel en el Real Madrid, con 33 años, y después de año y medio de alternante titularidad -siendo generosos-. Pero de ahí a ser incapaz de frenar su caída en seco hay mucho camino por andar. Tanto, que quizás para el Real Madrid no fuera suficiente.

El club blanco se ha movido con prestancia y acierto al fichar a Keylor Navas este verano. De esta manera, forzaba la disolución de la tóxica disyuntiva entre Iker y Diego. Pero sobre todo, es que el costarricense es el heredero de Casillas dentro del campo, a medio y a corto plazo. Sólo depende del propio Iker cuándo cederá el testigo bajo palos. Claro que si lo va a ceder antes de que llegue el mes de septiembre, ya sea que él mismo no deje de evidenciarlo, o que Carlo Ancelotti así lo decida, en el Real Madrid no deberían obviar la posibilidad de vender a Casillas este mismo verano (que por cierto, ya se empieza a rumorear en mentideros madridistas, así como en algún medio inglés). Hay un relevo de garantías sobre el rectángulo de juego. También respecto al brazalete de capitán en el vestuario, con los Sergio Ramos o Cristiano Ronaldo. Y de esta manera, ya sí que el debate de la portería acabaría de una vez por todas. Una solución drástica, tajante, cruel incluso, pero hasta cierto punto, necesaria también mientras parte del madridismo no abandone su actitud suicida, ni Casillas recupere sus alas de ‘Santo’.

Dicen que el Chelsea de José Mourinho preferiría a Diego López en lugar de Petr Cech. Y que el Real Madrid estaría incluso contemplando con Jorge Mendes la posibilidad de que recalase Thibaut Courtois. La ecuación podría ser redonda para el club blanco, que intercambiando a cualquiera de los dos porteros del Chelsea por Diego López, tendría una meta de muchas garantías y por fin desterraría el nocivo leitmotiv de esa guerra de guerrillas que mantiene al madridismo levantado en armas desde hace demasiado tiempo ya.



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