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El crack de Colombia aterrizará en Concha Espina a cambio de más de 70 millones, con la incertidumbre de si hará valer ese precio, y de si mejorará la ya nutrida medular blanca

OPINIÓN

El Mundial de Brasil acabó hace apenas una semana, y en el Real Madrid todos los caminos llevan a James Rodríguez. Parecía un simple bulo de verano, a raíz de su gran papel con la selección de Colombia, sin embargo siguiendo todos los hilos acabaremos por vislumbrar a un fichaje que está ya atado y más que atado. Algo más de 70 millones de euros acabará pagando el club blanco por el mediocampista, que podría aterrizar en la capital española (ya definitivamente) a lo largo de esta misma semana. Hechos, después de muchas especulaciones. Lo que, no obstante, dejará todavía tres grandes incógnitas en el aire, a la espera de ser resueltas.

Una de ellas, por qué un jugador más para la línea del equipo más nutrida de todas. Xabi Alonso, Asier Illarramendi, Luka Modric, Ángel Di María, Isco Alarcón, Toni Kroos, Sami Khedira, ¿y era también necesario James Rodríguez? Algunos dirán que también puede jugar en banda, algo más adelantado, pero es que esos puestos son, indefectiblemente, para Cristiano Ronaldo y Gareth Bale. La cuestión nos lleva por tanto a pensar que alguno de esos mediocampistas está llamado a salir del club blanco.

¿Di María? Mal haría el Real Madrid si nace de ellos prescindir del Fideo. Otra cosa sería si es el jugador el que ya tiene decidido abandonar Concha Espina: bien pecando de previsor, en ese caso. ¿Isco? Nefasta gestión si le dejan salir apenas un año más tarde sin dejarle triunfar. ¿Khedira? Bienvenido sea si en un verano el club blanco sustituye la dupla Casemiro-Khedira por Kroos-James. Pero lo que parece claro es que, sea como fuere, alguien tendrá que salir del vestuario blanco para hacer hueco al cafetero.

Y aquí entroncamos con otra de las grandes incógnitas que plantea este fichaje. ¿Es James un jugador que mejora lo que ya tiene el Real Madrid en su plantilla? Parece claro que sí, cuando le comparas con Casemiro, por ejemplo. Pero de hacerlo con Isco o Di María, las dudas son ya superlativas. Y no hay margen para debatir que James tiene algo, de que es un jugador de esos especiales, tocados por una varita. Pero después de una temporada discreta en el Mónaco y un traspaso algo inflado desde Oporto, queda el poso de que en la planta noble del Santiago Bernabéu han sobrevalorado, quizás en exceso, el buen Mundial de James con Colombia. El poso de que una cosa es haber destacado (ni siquiera triunfado) con Oporto o Mónaco, incluso con la selección, y otra bien distinta, hacerlo automáticamente con el Real Madrid por una simple regla de tres.

Lo que nos lleva a otra gran incógnita. ¿Es justo el precio que se pagará por James? A priori, parece que no. Porque esa franja de los 70-80 millones de euros debería estar reservada sólo para estrellas mundiales, y James apenas ha jugado catorce partidos en Champions League, por ejemplo. Zinedine Zidane le costó una cantidad similar al Real Madrid hace ya una década, y el francés venía de ganar dos Scudetto, un Mundial y una Eurocopa liderando a la Juventus y a Francia. Un recorrido que nada tiene que ver con el de James Rodríguez.

Véanlo así: si James llegase al Real Madrid por un coste de 30 millones de euros, para reforzar una línea con carencias, y sin necesidad de que ningún jugador tuviera que dejarle hueco, todo el mundo del fútbol estaría hoy alabando la magnífica gestión del club blanco en este traspaso. Como hicieran una semana atrás con el de Toni Kroos. Pero no es la situación en la que James llegará al Real Madrid. No es la situación ideal para acomodar este fichaje, por tanto. Claro que, dentro de todas estas dudas que suscita el fichaje de James Rodríguez, no es tampoco menos cierto que el colombiano invita a la esperanza. Invita a pensar en que, con el tiempo, pueda resolver todas estas dudas a su favor. Invita a ser cautelosos y hablar apenas de dudas en unas circunstancias que, en la inmensa mayoría de futbolistas del planeta, serían ya certezas desde antes de verle jugar.



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