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El delantero de Uruguay volvió a morder a un rival, el italiano Chiellini. Pronto aficionados de Madrid y Barcelona renegaron de su hipotético fichaje… pese a sus historiales

OPINIÓN

Se refrendó una de las revelaciones de este Mundial. Costa Rica se clasifica a octavos de final como primera en un grupo con tres campeonas del mundo como Inglaterra, Uruguay e Italia. Esta última, además, hace también las maletas de vuelta a su país pese a que tras su debut se hubiera confirmado como una de las favoritas. No pudo resistir el envite de Uruguay, y fueron los charrúas los que se clasificaron, dejando a los transalpinos con una decepción como la de españoles, croatas, ingleses o portugueses… Quizás mayor, porque la eliminación de Italia vino acompañada de polémica por la rigurosísima expulsión de Claudio Marchisio. Cada vez el fútbol se parece más al voleibol, donde los rivales no pueden tocarse entre sí.

Uruguay tampoco es que abusara de tener un jugador más sobre el campo durante los últimos treinta minutos, pero contaba con Diego Godín en sus filas. Un jugador que está tocado por una varita esta temporada. Marcó un gol que le dio la Liga al Atlético en el Camp Nou, marcó también un gol en la final de Champions League que a punto estuvo de hacer campeón de Europa al equipo colchonero, y de nuevo en condiciones muy similares, volvió a marcar otro gol que daba a Uruguay la clasificación para los octavos de final de un Mundial. Ni más ni menos. La cabeza de Godín es infinita y merece confianza eterna, pensarán sus compañeros y entrenadores.

La que también parece infinita es la insensatez transitoria de Luis Suárez. Decía que se sentía perseguido en Inglaterra tras haber mordido a Branislav Ivanovic y ser sancionado por la FA y repudiado por los aficionados ingleses. Y está visto que quería ganarse la enemistad de toda Italia también. Porque si no, no tiene sentido que incidiera en lo de morder a un rival. Esta vez fue Giorgio Chiellini la víctima, la tercera en la carrera del charrúa. El central transalpino debió sentirse como Luis Enrique en el Mundial de Estados Unidos, viendo además cómo nadie sancionaba al delantero uruguayo y poco después un gol les echaba del Mundial. ¿Justicia divina? ¿El karma? Pues quizás sí.

Lástima que un primoroso jugador como Luis Suárez sea incapaz de reprimir sus instintos caníbales. Todo lo que enamora con su talento lo pierde con estas desconexiones neuronales. Hasta el punto de que, sabiéndose que Barcelona y Real Madrid están fijándose en el ariete del Liverpool estudiando su fichaje para este verano, no tardaron en desencadenarse las reacciones en redes sociales de barcelonistas y madridistas renegando de ese hipotético fichaje por semejante actitud antideportiva.

También habría que explorar el historial de muchos que hablaban así, claro. Pues muchos se la cogen con papel de fumar a la hora de hablar de valores. Piénsenlo: en Madrid han justificado durante tres años todas y cada una de las salidas de tono de José Mourinho, sin ir más lejos; y mientras, en Barcelona adoraban a Hristo Stoichkov y han justificado recientemente las amenazas de Jordi Alba a un periodista, el famoso “mucho morro” de Sergio Busquets y su pisotón a Pepe, y hasta los regates fiscales de Lionel Messi y Neymar. ¿Ahora se van a poner exquisitos aficionados y directivos con el actual Bota de Oro, faltando a su particular coherencia? No parece… Seguro que no, si se llega a consumar el fichaje, de hecho.



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