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Por donde se esté en Brasil el sentimiento es el mismo: todos imaginan -y anhelan- una final contra la albiceleste, en el Maracaná. Razones y posibilidades

No hay forma de escapar. Los cabuleros están desesperados. No hay rincón de Brasil en el que esconderse del pronóstico que sostiene toda una nación: los dueños de casa están convencidos de que jugarán la final de la Copa del Mundo contra Argentina.

Desde los voluntarios en la fila de inmigraciones del aeropuerto, pasando por el conductor del taxi, la chica linda en el concierto de música, hasta el periodista que toma una cerveza viendo el papelón de los portugueses en la Mercearia Sao Pedro. Todos en Brasil parecen tener la certeza de que el equipo de Alejandro Sabella jugará el partido definitorio contra los de Felipao Scolari.

Es más, el que no está convencido de que así será, al menos quiere con las ganas que un niño escribe su carta a Papá Noel enfrentarse a Messi y compañia en el Maracaná. "¿No crees que será así?", le preguntan asiduamente a este cronista, que suele contestar -no sin un dejo de esperanza y frustración a la vez- que Argentina no tiene lo suficiente para llegar al 13 de julio con chances de ser campeón del mundo.

"Es la final esperada por todos, un clásico de todos los tiempos, bien sudamericano", contesta Marcela en el puesto de taxis de la estación rodoviaria. "¿Qué final podría ser más emocionante? Brasil y Argentina en el Maracaná disputándose la Copa, habrá miles de infartos", imagina Flavio, mientras apura una cerveza en Vila Madalena, zona sur de San Pablo.

"La FIFA quiere una final con todos los condimentos para que sea la más atractiva, no por nada a Argentina le tocó una llave tan fácil y a Brasil lo ayudaron en el primer partido, y solo se pueden cruzar en la final", casi que me convence Luiz, periodista que estuvo viviendo unos años fuera de Brasil.

Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría que así fuera? Descontando la parte de los infartos, claro, sería una final ideal. ¿Tienen Argentina y Brasil lo necesario para llegar al séptimo partido invictos? ¿Hace falta que lo tengan? Los anfitriones, al menos, no tienen dudas, ni siquiera después de las goleadas de Holanda y de Alemania.

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